Tarta de queso La Viña

  Hola, ya estoy de nuevo por aquí, después de la trilogía de las cuajadas vuelvo con otra receta traída del norte. Desde hace unos años se ha hecho muy conocida una tarta de queso llamada La Viña. El nombre corresponde a un bar de pintxos de San Sebastián, tenía muchas ganas de hacerla pues ya sabéis que me pirran las tartas de queso. El caso es que quería probar la original antes y …. ¡¡¡¡¡¡madre mía del amor hermoso!!!!!!! ¡Qué rica! Ya la he hecho cuatro veces.

  Es súper fácil porque no hay más que mezclar todos los ingredientes y hornear. No lleva base de galleta y para hacerla como la original necesitamos forrar el molde con papel de horno humedecido con todas sus arruguitas. La he preparado al natural y también con una cobertura que tenía por casa. Está rica de todas las maneras pero sobre todo es que es muy rápida de hacer, ni base de galleta, ni baño María ni siquiera necesita cobertura.

  Es un curd de chocolate y naranja que está espectacular!!!!! Es de origen inglés, el tradicional es de limón pero esta marca @thursdaycottage fabrica curds en varios sabores, es una crema untuosa de chocolate, no demasiado dulce y con un toque a naranja. Creo que lo compré en El Corte Inglés en una de esas semanas que traen productos internacionales. Me tenía que haber llevado 6 , es que está taaaaan rico este curd de chocolate y naranja.

  Ya que estuvimos por Navarra hace unas semanas de vacaciones, aprovechamos para ir a San Sebastián y degustar la famosa Tarta de queso del restaurante La Viña. Todo un acierto, está deliciosa. La receta original no es ningún secreto, ellos mismos nos la ofrecen. Yo he adaptado las cantidades a un molde más pequeño.

El tamaño original es para unas 10-12 raciones y pesa casi 2 kg.

El chocolate casa muy bien con esta deliciosa tarta.

Pero al natural está también muy rica.

Hay que hornearla lo justo para que quede un pelín más blanda por dentro.

Ya sabéis, que tras apagar el horno quede ligeramente temblorosa por el centro.

Tarta de queso La Viña

INGREDIENTES (5-6 raciones):

– 450 g de queso crema tipo Philadelphia

– 225 ml de nata líquida con 35% de materia grasa

– 180 g de azúcar

– 3 huevos L

– 1 cucharada sopera o TBSP de harina

– Un sobre de azúcar avainillado (opcional)

  En un bol mediano mezclar todos los ingredientes con la ayuda de una cuchara de madera hasta que estén bien integrados. Precalentar el horno a 215º C con calor arriba y abajo. Preparar el molde (el mío es de 17 cm de diámetro y desmontable) y forrar con papel sulfurizado que habremos humedecido previamente. Verter la mezcla en el molde y hornear a 215ºC a media altura durante unos 40 minutos. Ha de estar un poco temblorosa por el centro. Después apagar el horno y abrir un poco para que se enfríe poco a poco. Sube bastante en el horno y luego baja por lo que el molde debe ser alto. No os preocupéis que es normal, se hunde un poco en el centro pero está riquísima. Lo ideal es dejarla, una vez fría, en el frigorífico cubierta con film hasta el día siguiente. Estará aún más rica.

¿Con o sin cobertura?

No dejéis de hacerla, es sencilla y no falla, su sabor gusta todos.

Bien fresquita es perfecta para combatir estos calores de agosto.

  Ideal para llevar a casa de unos amigos en verano, no hay riesgo de que se estropee por el camino.

 

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Helado de cuajada de oveja

  Un mes de sequía y en 4 días subo 3 posts 🤣🤣 Bueno pues ya estoy de vuelta con otro postre tradicional vasco-navarro pero con una vuelta de tuerca. Nunca había tomado helado de cuajada, ni siquiera sabía que se comercializara. Lo descubrí en un supermercado en Navarra y nos encantó a todos. Así que a la vuelta del viaje hice dos cosas: cuajadas tradicionales como si no hubiera mañana, con leche de oveja y el cuajo que me traje del viaje a Navarra, y metí la heladera de mi K.A. en el congelador. Y en un pis pas helado casero y rico.

Además de degustar productos de la zona me gusta llevarme algunos souvenirs.

Con mis cuajadas caseras nos pondremos manos a la obra.

    ¿Hay algo más refrescante en las calurosas noches valencianas que un helado? Pues con este postre cierro la trilogía de la cuajada (en lugar de la del Baztán de Dolores Redondo que me estoy leyendo). Tres postres con la leche de oveja fresca y el cuajo de base. Aunque la próxima receta va a ser también una especialidad del País Vasco en los últimos años.

Helado de cuajada de oveja

INGREDIENTES para 1l de helado:

– 500 g de cuajada tradicional de oveja (ver versión casera aquí)

– 100 g de azúcar (25% azúcar invertido)

– 200 ml de nata líquida con 35% de materia grasa

– 1 yema de huevo

– Nueces picadas

– Miel

  Batir con varillas la nata sin llegar a montar totalmente. En un bol (yo he utilizado una batidora de vaso) batir el resto de ingredientes. Mezclar ambas preparaciones y mantecar en la heladera siguiendo las instrucciones del fabricante. Verter en un contenedor de helado e ir añadiendo unos chorros de miel y nueces picadas entre medias. Congelar unas horas y consumir. En casa no dura mucho.

Queda así de cremoso.

Otra manera más refrescante de tomar lácteos.

También podéis congelar en porciones individuales, listas para hincar el diente.

¿Te animas a preparar este postre tan refrescante?

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Cuajada de chocolate

 

  Lo prometido es deuda, hoy os traigo la versión chocolateada de la cuajada tradicional. También hecha con leche fresca de oveja pasteurizada y cuajo de Postres Ultzama, pero con un ingrediente adicional, chocolate mmmmm.

  Además no lleva azúcar añadido y está taaaannn rica. En casa ha triunfado. Y han durado poco la verdad, todo un éxito, sin encender el horno.

La receta de esta maravilla de textura cremosa y suave al paladar es del maestro chocolatero Rafa Gorrotxategui, la encontré en uno de los programas de David de Jorge de Robin Food.

  Si queréis saber un poco más acerca de la historia de la cuajada y su elaboración visita el post que publiqué ayer. Esta cuajada os sorprenderá, tiene una textura similar a una mousse suave al paladar, cremosa, mmm es inexplicable, no pensé que fuera a gustarme tanto. Para que se funda bien el chocolate esta vez calentaremos más la leche. Aunque Chocolates Valor suele ser mi marca de referencia esta vez he elegido un chocolate navarro, por la cosa de hacer la cuajada más “a la navarra”.

  La marca es Pedro Mayo, maestros chocolateros desde 1.847. Es una empresa navarra fundada en los años 60 del siglo XIX por Pedro Mayo Etuláin, natural de Ochagavia/Otsagabia (Navarra), en la pamplonada calle Zapatería. Fabricaba chocolate, dulces y cerería, vendiendo los anteriores y productos ultramarinos. Posteriormente se centraron en el chocolate. Actualmente forman parte de una corporación, Chocolates de Navarra.

Cuajada de chocolate

INGREDIENTES (para unos 6 tarritos pequeños):

– 1 l de leche de oveja fresca pasteurizada (no de brick), yo he utilizado kizkilurrin de Ultzama

– 6 gotas de cuajo para cada tarrito

– 200 g de chocolate cobertura negra (he utilizado al 62%)

 

  Poner la leche de oveja pasteurizada en un cazo y hervirla. A continuación añadir el chocolate rallado y bajar el fuego sin dejar de remover. Una vez disuelto retirar del fuego y pasarle el turmiz para evitar grumos. Preparar los tarritos con 6 gotas de cuajo, yo lo he utilizado químico y la temperatura que recomienda de la leche es 55ºC. En este caso es muy recomendable utilizar un termómetro para asegurarse de la temperatura y no “matar” el cuajo. Esa es la temperatura a la que recomienda el fabricante de mi cuajo que se debe añadir la leche (en caso de no utilizar cuajo Postres Ultzama ver instrucciones de fabricante). Verter la leche chocolateada sobre los tarritos (siempre poner el cuajo previamente) y dejar que cuaje al menos 10 minutos sin remover ni mover los recipientes. Cuando estén fríos guardar en la nevera cubiertos por film o papel Albal. No os extrañe que no añada azúcar, lleva el procedente del chocolate, y os aseguro que es suficiente. Queda riquísima.

Se prepara en un momento, no necesitas encender el horno y se toma fresquita !!!!!

Podéis verter unas virutas de chocolate.

O tomarla tal cual.

¿Os animáis a prepararla?

  Atención, atención, tengo la heladera en el congelador, aviso, próxima receta helado de cuajada.

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Cuajada tradicional y de ruta por el norte de Navarra

 

  ¿Cómo vais? ¿Ya estáis de vacaciones? Yo sí, y aún me quedan un par de semanas. Hace un mes que no publicaba nada. Entre el fin de curso y las vacaciones me he relajado con el blog. Y hace ya 5 años que empecé a publicar mis recetas en el blog!!!!!!!!! Parece que fue ayer cuando me inicié en el maravilloso mundo de la repostería. Pensé que me cansaría, que no me ilusionaría tanto contaros mis historias, mis recetas y creaciones, pero como veis aquí sigo 5 años después y con la misma ilusión que el primer día pero con más experiencia.

  Las próximas recetas que os traigo serán de lo más tradicionales y con leche fresca de oveja y cuajo que me he traído del norte.

  Los que me seguís en Instagram sabréis que he estado unos días en Navarra y el País Vasco disfrutando de mi familia y unos de mis mejores amigos. Paisajes de ensueño, prados verdes, bosques infinitos de castaños centenarios, fresnos, robles, arces, helechos, hayas, cascadas, ríos y una casa rural maravillosa en la zona de Montaña de Navarra. Un oasis de tranquilidad y encuentro con la naturaleza de los Pirineos.

  Ya sabéis que en los últimos años hemos estado por el norte, en Asturias, Cantabria y País Vasco. Aunque el Mediterráneo nos tira mucho, es muy refrescante pasar parte del verano en el norte. Para unos valencianos de sol y playa es lo más. Huir del sofocante calor y de la humedad.

  La casa de estilo rústico y tradicional está situada en Azquilarrea, en el municipio de Arantza (o Aranaz, el nombre histórico en castellano), un pintoresco pueblo de 650 habitantes al noroeste de Navarra. Es una de las cinco villas (la más aislada) de la montaña o Bortziriak que se sitúan a ambos lados del río Bidasoa. Situada en los Pirineos Atlánticos, la zona de Navarra más cercana a la costa.

  La casa tiene nombre propio, Haizegu. En euskera Haize-hegoa significa viento del sur, pero en Aranosa se acortan mucho las palabras y por eso dicen Haizegu. En la casa, obviamente, pega mucho el viento del sur, de ahí el nombre. Con su tejado, su piedra, la balconada, el porche y las contraventanas de madera es realmente preciosa, rodeada de pastos, cerca de un caserío familiar y con su propia fauna:

gallinas y perros que hicieron las delicias de los niños, los perros Lur (Tierra en euskera), la mayor, y Mendi (montaña en euskera), el cachorro. En el caserío de al lado que es de la familia de los dueños de la casa, había otro Collie llamado Pintxo. Ya os imagináis lo felices que estaban ellos y mis hijas y su amigo Víctor. Por la mañana excursión y a comer fuera y por la tarde paseo y a disfrutar de la casa y de los perros.

  Como bien sabéis, en casa hemos tenido más gatos que perros por cuestión de espacio pero tener la oportunidad de además tener perros en la casa rural fue una pasada. Los niños disfrutaron muchísimo. Además de la zona de terreno con césped y los columpios.

  Ir por huevos frescos de las gallinas todos los días era una tarea obligada para los niños. Las gallinas siempre ponían un huevo cada una al día y los dejaban en una esquina, siempre en el mismo sitio.

Pequeños detalles que lo dicen todo.

Cuidando hasta el último detalle.

  La casa tiene todas las comodidades sin perder ese aire rústico y tradicional.

Con un porche amueblado y una barbacoa de obra a la que por supuesto no le faltaron buenos chuletones, solomillos, hamburguesas de carne de la región y chistorra. Y mucho espacio para que los niños desfogaran y corrieran por doquier. Desde aquí además quiero dar las gracias a Maite, nuestra casera, por su amabilidad y por tener la casa tan arreglada y limpia, cuidando cada detalle. Por sus recomendaciones. Por dejarnos disfrutar de los perros de la casa. Hasta nos dio patatas de su huerto. Un encanto conocerla y a su pequeña hija Lorea, preciosa y muy simpática.

Las vistas que teníamos cada mañana desde nuestra habitación.

Un pequeño paraíso en plena montaña.

Rodeados de naturaleza.

  Disfrutamos de la cascada de Putzubeltz.

Aunque mis hijas disfrutaron más lanzando palos a Lur que se lo pasó pipa bañándose en las frías aguas de la cascada mientras los buscaba.

  Pensamos que nos llevábamos a la perra de paseo pero era ella la que nos llevaba a nosotros.

Un paseo por la calzada que baja hasta Arruzpi rodeados de árboles y algunas setas.

Salir a hacer rutas de senderismo por cómodas calzadas nos lleva a parajes como este.

  Y para reponer fuerzas cuajada de leche fresca de oveja con un chorrito de miel, estas que nos comimos en la casa son de la marca Goshua.

El kaiku grande es de la casa, el pequeño lo compré en una ferretería en Elizondo.

  La tradición ha conservado hasta nuestros días estos manjares gastronómicos como la cuajada (gaztambera) que se producía con leche de oveja y cuajo. La leche de oveja se ordeñaba y recogía en un recipiente llamado kaiku. De curiosa morfología, como veis,parece una jarra baja de cuerpo cónico e inclinado, con pico vertedero largo y un gran asa labrada en la misma pieza, por lo general asomada a su boca. El más tradicional es el tallado en madera de abedul (blanda, poco pesada pero resistente y abundante en el País Vasco y el norte de Navarra). Hay dos modelos principales uno para el ordeño (más inclinado para facilitar el proceso) y otro para presentarlo o servirlo en la mesa. Para hervir esta leche, como el recipiente era de madera y no se podía poner directamente al fuego, se utilizaban piedras incandescentes (esne harriak) que se vertían haciendo hervir la leche y obteniendo de ese modo un aroma y un sabor del característico requemado (kizkilurrin). Esta leche, una vez hervida, se dejaba enfriar  a 38º C y se le añadía el cuajo animal (que procedía del 4º estómago de los rumiantes) consiguiendo la cuajada.

Siempre es buen momento para comprar unos “souvenirs”.

 

  Y ahora os explicaré la receta de hoy, cómo hacer unas ricas cuajadas de leche fresca pasteurizada de oveja. Vamos con la receta. Los ingredientes pocos pero de calidad. La leche la encontré en el supermercado SUMA de Santesteban. Es de la marca Ultzama que tiene su empresa en el mismo valle navarro de Ultzama, con ganadería propia (ovejas de la raza francesa lacaune) y elabora desde leche fresca de oveja a cuajo, quesos, cuajadas, … Y el cuajo también es de la misma marca. En el supermercado tenían tres tipos de leche fresca pasteurizada de oveja de Ultzama: normal, con una pizca de azúcar añadido y kizkilurrin. Pero como bien explican ellos en su web …

  “Postres Tradicionales de Ultzama, queriendo seguir con la tradición, elabora leche de oveja pasteurizada ya con ese sabor a kizkilurrin para que puedas hacer la tradicional cuajada “quemada“ de Ultzama sin tener que utilizar piedras ni hierros al rojo vivo. Ese ligero sabor a quemado se consigue a través de la caramelización del azúcar de la leche (la lactosa), la leche se puede elegir “con azúcar” o “sin azúcar”. Hay tres tipos de cuajo según su origen: animal, vegetal y microbiano. Nosotros te ofrecemos el cuajo de origen microbio que coagula la leche cuando esta se encuentra a 50-60ºC, nos parece el más indicado para garantizar la higiene de la cuajada. También te facilita el cuajo microbio que cuaja la leche a unos 55-60ºC ganando en higiene respecto a la antigua cuajada que se cuajaba a la temperatura ideal de desarrollo de microorganismos patógenos.

  En el Valle de Ultzama, desde el año 2.010, se celebra anualmente en el mes de Junio, el “Día de la Cuajada”. Durante este día, se realizan demostraciones como la elaboración del colchón de lana, el ordeño de ovejas y por supuesto la elaboración tradicional de la cuajada. Además hay exposiciones de diferentes artesanos del valle y degustaciones de los mejores productos”.

  La cuajada es un postre tradicional típico de la gastronomía del norte de España, del Valle del Pas en Cantabria, del Valle de Ultzama en Navarra, de Castilla León, La Rioja, el País Vasco, Huesca, … De textura suave y cremosa está  elaborada principalmente con leche de oveja. En algunas zonas se utiliza leche de cabra, e incluso de vaca, pero la manera tradicional es elaborarla con leche de oveja. La leche de oveja tienen más materia grasa (20% frente al 10% de la de vaca), un extracto seco más alto y eso es lo que hace que sea muy consistente y la más idónea para producir este postre. Su elaboración es muy sencilla y se hacía siguiendo la receta de los pastores, que ellos mismos elaboraban en la época en que parían las ovejas, principalmente en primavera.

  La cuajada es un producto que se obtiene por la coagulación de la leche añadiéndole cuajo. En sus orígenes procedente de las propias ovejas paridas, concretamente de su estómago. Es un postre lácteo, pero no fermentado (como en el caso del yogur, por ejemplo), es una “leche cuajada”. Para degustarla se le va añadiendo miel o azúcar según se va consumiendo, pero sin remover. Es decir, se recomienda meter la cuchara y, sin revolver, ir comiendo de arriba abajo para apreciar la textura de la cuajada, la miel y los frutos secos. No se remueve como un yogur. También se elaboran cuajadas de chocolate, turrón, … y se puede elaborar tartas, helados, y otras preparaciones.
  Según la tradición histórica el cuajo se descubrió por primera vez aproximadamente hace de 4.000 a 5.000 años en Egipto. Se empleaban tripas y, sobre todo, estómagos. En aquella época, para realizar grandes desplazamientos se empleaban los estómagos secos de animales. En ellos se guardaban líquidos como el agua y la leche. Fue así como se supo que esta última, al alcanzar a una determinada temperatura, se cuajaba por la intervención de una enzima, consiguiendo de esta forma que el producto se conservase más tiempo gracias a la enzima del cuajar. De este modo se desarrolló a lo largo de los siglos el arte de hacer quesos. Este derivado lácteo no es otra cosa que el resultado de la acción de una enzima llamada renina, fermento o cuajo, y que tiene la propiedad de coagular la caseína de la leche. El cuajo natural se relaciona por tanto con la producción del queso desde tiempos inmemoriales. Si solo coagular la leche, obtienes la cuajada; si continúas con el proceso y la desueras, consigues el queso fresco y, a partir de ahí, si sigues separando el suero de la leche y vas añadiendo tiempo de curación, obtendrás quesos con diferentes puntos de maduración. La madera, y después el barro y el vidrio, son los elementos que mejor preservan la elaboración los postres tradicionales.
  Existen tres tipos de cuajo: animal (del 4º estómago de los rumiantes), vegetal (se extrae de vegetales como la flor de cardo o el galio, conocida como planta “cuajaleche” muy abundante en terrenos húmedo como los de Navarra y País Vasco) y microbiano (como el Rhizomucor Miehei del cuajo líquido de Ultzama).

  Pues con la leche fresca de oveja y el cuajo os explicaré como hacer este postre tan sencillo y tan tradicional. Os resultará muy fácil de preparar. Elaborar una auténtica cuajada artesana es muy sencillo, solamente debemos tener en cuenta dos factores, por un lado la calidad de las materias primas, leche de oveja y cuajo, y por otro lado la temperatura a la cual se realiza la reacción. Esta leche es 100% leche de oveja y ha sido sometida a un proceso de pasteurización y homogeneización, y por tanto no hace falta hervirla ni cocerla; solamente con templarla es suficiente. La leche debe ser entera y fresca (pasteurizada solamente, no uperisada). Es decir, no de brick si no fresca, la encontraréis solo en la sección de refrigerados.

Cuajada

INGREDIENTES (para unos 6 tarritos pequeños):

– 1 l de leche de oveja fresca pasteurizada (no de brick), yo he utilizado kizkilurrin de Ultzama

– 3-4 gotas de cuajo para cada tarrito (18-20 gotas para recipiente grande de 1 l)

 

  Puesto que la leche de oveja que he utilizado está pasteurizada no hace falta hervirla. Preparar los tarritos con 3-4 gotas de cuajo, yo lo he utilizado químico y la temperatura que recomienda de la leche es 55ºC. Calentar la leche, sin dejar de remover, hasta 55ºC aproximadamente (si no se dispone de termómetro viene a ser cuando empiece a humear). Esa es la temperatura a la que recomienda el fabricante de mi cuajo que se debe añadir la leche (en caso de no utilizar cuajo Postres Ultzama ver instrucciones de fabricante). Verter la leche sobre los tarritos (siempre poner el cuajo previamente, nunca después) y dejar que cuaje al menos 10 minutos sin mover los recipientes. Cuando estén fríos guardar en la nevera cubiertos por film o papel Albal.

Se puede consumir tal cual,

acompañada de frutos secos

como estas nueces pecanas

o de un buen chorro de miel.

Esta miel en concreto es de Brezo, de La Rioja.

  Se recomienda no “batir” los ingredientes con la cuchara sino coger las texturas diferentes en la misma cuchara y mezclar en la boca para apreciar la suavidad de la cuajada. Como veis está totalmente cuajada sin hacer nada más que añadir las gotas de cuajo.

Como veis una de las cuajadas la hice en el kaiku tradicional.

¿Y a ti cómo te gusta más? A mi con miel y nueces.

  Esta que preparé en unos tarros rojos nos la comimos previamente en Navarra, es de la marca Goshua. Para San Fermín sacan un envase especial con el color rojo de los Sanfermines. Tengo una amplia colección de tarros de todas las formas y colores. Además hace juego con mi jarra (también reciclada, de miel cántabra). Aquí no se tira nada, y si es bonito menos aún. Y tenía que repetir la sesión de fotos con nueces ibéricas jejeje.

  Ojo al dato, la siguiente versión será de chocolate, sin azúcar y está mmmmmmmm.

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Macarons de tomate, queso crema y mermelada de tomate

  Hacía tiempo que no preparaba macarons y como estamos en temporada de tomates quería hacer dos cosas. Primero que esta vez fueran salados, sí, no estoy loca, los hay salados y no son los primeros que preparo. La masa es la misma pero en este caso con un toque especial. Y segundo, desde que hacía los cursos de macarons con mi sensei Belén de Cupcakes a Gogó tratamos el tema de los trampantojos y macarons con formas. Pues estos los vi y me enamoré, y era cuestión de tiempo que los hiciera. Los vi en Pinterest, ese maravilloso escaparate qué tanto me gusta. El caso es que estos los vi en una página de una pastelería de Australia y yo he hecho mi propia versión.

  La receta de los macaron básicos con merengue italiano los tenéis aquí, tanto la receta, como el paso a paso y trucos para que salgan sí o sí. Hoy no me voy a enrollar mucho. Vamos allá. Salen unos 24 macarons.

Macarons de tomate

Al TPT de la receta básica de macarons con merengue italiano le añadiremos:

– 1/4 de TSP o cucharadita de pimentón dulce (D.O. de la Vera)

–  1 TSP o cucharadita de tomate deshidratado en polvo o molido (yo lo compré deshidratado y lo molí en casa, luego lo pasé por el tamiz fino). El resto de la receta es tal cual tenéis en el enlace.

– Colorante rojo en gel (yo uso este)

  Relleno

– 250 g de queso crema tipo Philadelphia

– Nata líquida al gusto (para aclarar un poco el queso y que no esté tan espeso)

– 1/4 de TSP o cucharadita de pimentón dulce (D.O. de la Vera)

– 1 TSP o cucharadita de tomate deshidratado en polvo o molido

– Un poco de orégano

– 1 bote de mermelada o confitura de tomate

  Una vez hechos nuestros macarons dejar que reposen 48h en la nevera bien tapados en un tupir hermético. Al llevar mermelada humedecen macaron por lo que es conveniente rellenar y consumir en un plazo breve. Para hacer el relleno mezclar todos los ingredientes en un bol mediano (a excepción de la confitura y el orégano) y remover con la ayuda de una cuchara de madera. Después ponerlo en una manga pastelera para rellenar. Rellenar la mitad de las coquilles o conchas de macaron con un toque en el centro y con la ayuda de otra manga rellenar la parte de alrededor con la confitura de tomate, espolvorear con un poquito de orégano y colocar la otra coquille encima. Listos para tomar. Sorprenderás a los tuyos con una receta muy original y una presentación única de estos “maccherries”. Para hacer las ramas y su ramificación simplemente he utilizado ramas auténticas de tomates cherry en rama. Creo que así queda más auténtico.

Como veis quedan de lo más lucidores ¿no creéis?

El sabor sorprendente

y un bocado muy jugoso.

 

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Bocaditos de bizcocho y brownie

  Otra receta de esas que tenía pendiente, pero el fin de semana me lancé a hacerla de repente y como decimos en mi tierra “pensat i fet” (pensado y hecho). Estos bocaditos son la versión casera de esos que habitualmente encontramos en el supermercado. Este bizcocho mitad vainilla mitad brownie de chocolate es denso de miga prieta, perfecto para untar en la leche. Además su forma alargada lo hace perfecto para eso. Un pequeño bocado al que yo además he recubierto de chocolate fundido por la parte inferior. No digo más.

  La receta es una adaptación del blog Rasa Malaysia. Y llevaba mucho tiempo queriéndola hacer. A este paso necesitaré  1.001 vidas para hacer todos mis postres pendientes!!!! Vamos con la receta. Recordar, ingredientes a temperatura ambiente, a no ser que indique lo contrario. La receta la preparé el fin de semana pasado y casi no me dejan ni hacerle unas fotos, andaban  al acecho todos los habitantes de la casa olisqueando y esperando a que llegara el momento de atrapar a su presa. Así que el reportaje fue contrarreloj y bajo presión, jejejeje.

Bocaditos de vainilla y brownie

INGREDIENTES (8 trozos):

Brownie

– 140 g de chocolate negro (yo he usado Valor Postres)

– 50 g de mantequilla sin sal

– 50 g de azúcar moreno

– 1 huevo

– 35 g de harina

– 1/2 TSP o cucharadita de café soluble

– 1 pizca de sal

Bizcocho de vainilla

– 120 g de mantequilla sin sal

– 100 g de azúcar

– 2 huevos

– 120 g de harina

– 1/4 TSP o cucharadita de polvo de hornear

– 1 pizca de sal

– 50 ml de leche

– 1 TSP o cucharadita de extracto o pasta de vainilla

Cobertura

– 150 g de chocolate negro (yo he usado Valor Postres)

  Preparar un molde alargado de unos 20×10 cm tipo loaf y engrasar. Precalentar el horno a 180ºC. En un cazo derretir el chocolate troceado con la mantequilla a baja potencia de calor. Dejar que se tibie un poco. Añadir el azúcar y remover hasta integrar. Agregar el huevo y mezclar bien. Por último añadir la harina con el café soluble y la sal tamizados, integrar bien. Verter sobre el molde y hornear a media altura unos 15 minutos. Mientras tanto preparar la masa del bizcocho de vainilla. Batir la mantequilla con el azúcar con un batidor eléctrico o robot tipo K.A. hasta que esté cremosa. Añadir los huevos de uno en uno batiendo después de añadir cada uno de ellos. Tamizar la harina, junto con el polvo de hornear y la sal. Mezclar la leche con la vainilla. añadir a la masa alternando mezcla de harina con la de leche. Mezclar hasta conseguir una masa batida suave y sin grumos, pero ojo, no sobrebatir. Verter sobre el molde donde tenemos el brownie, con cuidado, yo he utilizado una manga pastelera. Hornear a media altura a 160ºC unos 30 minutos. Chequear pasado ese tiempo pinchando en el centro con un palito hasta que salga limpio. Sacar del horno y enfriar sobre una rejilla. Mientras tanto derretir el chocolate para la cobertura en el microondas o en un cazo al baño María. Una vez frío el bizcocho cortar en trozos y bañar en chocolate parte del brownie. Dejar enfriar sobre una lámina de papel de horno y a disfrutar.

 Delicioso para un desayuno o una merienda

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Granary Bread Loaf

  Me encanta hacer pan. Aunque me da un poco de respeto la masa madre y hasta ahora no he tenido buenas experiencias con ella. Pero el pan de molde con levaduras es más sencillo así que por algo hay que empezar.

  Todavía me quedaba harina tipo Granary, de la que compré en el supermercado inglés Iceland. La harina Granary es una harina británica. Es una marca registrada de la casa Hovis. Se trata de una harina semi-integral que contiene una mezcla de harina integral, harina de centeno y trigo malteado. Para obtener el trigo malteado, el trigo se deja germinar, se tuesta y se muele. Esta harina le otorga al pan un sabor y un aroma ligeramente dulce y tostado.

  Siguiendo los consejos de Bea Roque congele la harina para que no se estropeara, en realidad no llega a congelarse del todo, mantiene la textura empolvada pero se queda muy fría y se conserva espectacularmente bien. La puse en una bolsa de zip grande sin aire y al congelador. Es suficiente con sacarla media hora antes de utilizarla y extenderla en una fuente. Fue todo un descubrimiento.

  Hace un tiempo preparé un pan con esta harina y quedó muy bueno. Así que era hora de utilizar el resto. Si quieres conocer la historia de este tipo de harina comercializada por la casa Hovis clica aquí.

¿Se os ocurre de qué rellenarlo?

Perfecto para hacer unas tostadas para la cena.

  La receta de hoy la encontré en el blog Lavander & LoveageEs una delicia de blog, os lo recomiendo. La receta de Karen es para 1 pan de molde grande o 2 medianos o varios pequeños. En caso de no encontrar este tipo de harina se recomienda utilizar harina especial para pan multicereales. La receta se puede hacer con levadura seca de panadero ó 15 g de levadura fresca prensada. Si lo hacéis con levadura fresca hay que disolverla en un poco de agua tibia y dejar reposar 10 minutos antes de incorporarla al resto de ingredientes. La seca, liofilizada ya sabéis que se echa directamente en la harina, no requiere hidratación.

Mmmm riquísimo con cualquier alimento que le pongas.

Granary Bread Loaf

INGREDIENTES (1 pan de molde grande, de unos 900 g):

– 350 g de harina “Granary

– 100 g de harina de fuerza

– 1 TSP o cucharadita de sal

– 7 g de levadura de panadero

– 25 g de mantequilla derretida tibia

– 300 ml de agua tibia

  En un bol grande mezclar las harinas, la sal y la levadura y hacer un hueco en medio donde verter la mantequilla y el agua. Mezclar con las manos o en el robot tipo K.A. con la pala. Amasar a mano o en el robot durante unos 10 minutos hasta que quede suave y elástica. Preparar un bol untado con aceite y dejar reposar la masa hasta que doble su volumen cubierta con film y un trapo en un sitio cálido de la casa. Engrasar el molde tipo loaf. Una vez levado precalentar el horno a 180ºC. Darle forma alargada a la masa y colocar en el molde con cuidado. Dejar levando de nuevo hasta que doble su volumen. Antes de hornear podéis espolvorear con un poco de harina y unos granos la superficie. Después hornear a media altura unos 30 minutos. Estará hecho cuando al golpear la parte de abajo suene hueco. Testear a los 20 minutos.

  Una vez horneado colocar sobre una rejilla y dejar que se airee y enfríe.

Aguanta 2 ó 3 días en un contenedor hermético.

También puedes rebanarlo y congelar.

Como veis es bastante sencillo de hacer y está espectacular.

Esta vez el acompañamiento no es dulce.

Porque no sólo de dulce vivo yo.

 

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