Panna Cotta tradicional con coulis de frambuesa

  Sí, ya sé que hace mucho tiempo que no me pasaba por aquí. Pero tengo excusa. No es que haya perdido el interés por hacer recetas dulces ni por compartirlas con vosotros. Los que me seguís por Instagram sabéis que estoy de obras en casa. Todo sea por mi cocina nueva. Menos la habitación de mi hija mayor, el resto de la casa la reformamos toda. Mi cocina va a ser el doble de grande, que aunque no lo creáis hago todas mis creaciones en una cocina muy pequeña. Una reforma integral pero sin los gemelos de los programas de Divinity que en 5 semanas te hacen la reforma jejeje. Como veis no estoy para hacer macarons ni pintar galletas, aunque me muero por volver a coger los pinceles !!!!!

  Esta receta la hice hace semanas pero no había tenido tiempo, ni ganas, sinceramente, de sentarme al ordenador. No me gustan las obras, ni a mí ni a nadie, supongo. Pero estoy deseando ver el resultado final. Así me consuelo entre el caos que va a reinar en mi casa durante unos meses. Si no me prodigo mucho por el blog ya sabéis el por qué.

  Bueno, pues a lo que vamos. La receta de hoy llevaba tiempo queriéndola hacer. He probado muchas Panna Cotta comerciales y “caseras” en restaurantes italianos pero la verdad que todas me sabían a poco, algo tipo flan gelatinoso pero insulso al paladar si no se le añade extras de caramelo, mermeladas, coulis o salsas de frutas, … Y yo había oído que era un postre italiano de lo más sabroso y delicioso. Así que me puse a investigar.

  Literalmente Panna Cotta significa “nata cocida”, en eso coinciden todas las recetas,  su ingrediente principal es la nata, un poco de azúcar, algún aroma tipo vainilla o cítricos y básicamente la mayoría de las recetas aportan consistencia cociendo la nata y añadiendo gelatina. Es un postre italiano de la región de Piamonte de origen incierto. Como en muchas regiones del mundo era una manera de aprovechar el excedente de nata. Se dice que se cuajaba con un poco de clara de huevo o cola de pescado (la primera gelatina conocida).

  Alessandro Molinari Pradelli, escritor y periodista especializado en cultura, enología y gastronomía, asegura en su obra “800 Ribete Tradicional” que los nativos de la región conocida como ‘El corazón verde de Italia’, es decir, Umbría, fueron los creadores de esta genuina receta en un recóndito lugar cercano a las orillas del lago Trasmino.

  Bueno, para el caso, yo he adaptado la receta de las hermanas Simili. Como dice El Comidista: Margherita y Valeria Simili, más conocidas como las hermanas Simili o sorelle Simili en italiano, son gemelas, panaderas y unas adorables ancianas que se han convertido en un verdadero fenómeno mediático en su país. Descendientes de una larga estirpe de panaderos y creadores de masas, su familia tenía una panadería y una tienda de pasta fresca. Dirigieron una de las escuelas de cocina más respetadas de Bolonia, y en los últimos años –gracias a esa mezcla de socarronería, coquetería y humor que caracteriza a las abuelas molonas– se han convertido en personajes mediáticos y muy queridos. Sus dos libros, editados en España por la editorial Libros con Miga con los títulos Pan y dulces italianos y Pasta fresca italiana. Ya sabéis, otro libro para mi colección.

  Es una receta perfecta para dejar preparada de un día para otro. Se pueden utilizar claras frescas o pasteurizadas. Azúcar avainillado o vaina de vainilla, yo esta vez quería un aroma sutil y que no se vieran las motas de vainilla. Pero eso según más os guste. Si queréis innovar podéis poner a enfriar volteando un poco los vasitos, le da un toque de originalidad. Yo como veis los he llenado bastante. Esta receta admite caramelo, mermeladas, purés de frutos rojos o coulis.

  Por cierto el blog ya ha tenido más de medio millón de visitas!!!!!! Yupiiiiiiiiiieeeeeee!!!!!! Gracias a todos los que lo hacéis posible. Un abrazo y un beso fuerte y a por la receta.

Pana Cotta tradicional con Coulis de frambuesa

INGREDIENTES (para 4 ó 5 raciones):

Panna Cotta

– 500 ml de nata para montar 35,1 % de materia grasa

– 80 g de azúcar

– 10 g de azúcar avainillado

– 1 pizca de sal

– 5 claras (frescas o pasteurizadas)

Coulis de frambuesas

– Pincha aquí para hacerlo casero.

– Frambuesas para adornar y unas hojas de menta o de fresas

     

  El procedimiento es muy sencillo, calentar la nata con el azúcar, la pizca de sal y el azúcar avainillado hasta que se disuelvan por completo. Retirar de la fuente de calor justo cuando comience a hervir y dejar enfriar. En un bol batir ligeramente las claras para quitarles tensión, no hace falta que espumen en verdad y previo paso por el colador mezclar ambas preparaciones y verter sobre moldes tipo flanera o ramequines, yo utilizo vasos bajos de helado.

     

  Calentar el horno a 130ºC y preparar una fuente con agua caliente para el baño María, que cubra 3/4 partes de los vasitos. Hornear durante 1 hora hasta que cuajen, el centro quizá quede un poco blandito o tembloroso como una cheesecake, no importa. Apagad el horno y dejar el horno entreabierto. Sacad la fuente con el baño y los vasitos y dejar que se enfríe por completo. Una vez fríos los vasitos refrigerar en nevera toda una noche. A la hora de servirla sacad un poquito antes de la nevera. Simplemente deliciosa y con muy pocos ingredientes.

Utilicé las hojitas de una fresa para adornar el conjunto.

Como colofón a una comida, o mejor aún, para una merienda deliciosa.

  En el próximo post os contaré mis aventuras por Londres, temblad Bakeries y Food Halls voy para allá. Hace 13 años que no he vuelto y ahora tengo un aliciente repostero añadido.

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Marquesas

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  ¡¡¡¡Feliz Año Nuevo 2.017!!!! Espero que este año venga cargado de esperanza, optimismo, salud, trabajo, amor y que sea aún mejor que el 2.016 que dejamos atrás. Bueno pues aquí estamos en plenas fiestas navideñas. Espero que estéis disfrutando en familia, con vuestros seres queridos, amigos y de la mejor manera posible. Los que me seguís por las redes sociales sabéis que debido a un esguince en la muñeca no voy a poder amasar ni Panettone, ni Roscón de Reyes ni galletas decoradas este año. Y bien que me pesa, pero la verdad que no podía resistirme a hacer algo que mi Kitchen Aid pudiera hacer sola. Ella hace la mezcla y yo sólo coloco la masa en las cápsulas.

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  Las marquesas son un postre típico de Navidad, hecho con almendra molida. Son bizcochitos finos y esponjosos. Es un dulce hecho desde su origen a base de pasta de mazapán, almendra molida, azúcar, huevo y ralladura de limón. Fue creada por el confitero Hipólito Juanes De la Cruz en el año 1.924, y comercializado por su confitería en el municipio de Sonseca, en Toledo. La producción nacional de mazapán, de entre tres y cinco millones de kilos cada año, se concentra principalmente en Toledo, aunque también se fabrica en puntos de Alicante y Ciudad Real. Aunque su origen es incierto se le suele atribuir a los árabes.

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  Bueno, pues para despedir el año las he vuelto a hacer, a mi suegra le han gustado tanto que las he horneado ya tres veces. A mí me gusta más comerlas acompañadas de un buen chocolate a la taza, como el nuevo ValorCao de Chocolates Valor con sabor más intenso. La combinación de chocolate y almendra me encanta, para merendar son una auténtica delicia. Vamos con la receta, es una receta tan tradicional que la he encontrado en varios libros y webs prácticamente iguales. La única variación es montar el azúcar con los huevos a punto de cinta e incluso separar yemas de claras y montar estas a punto de nieve y las yemas con el azúcar a punto de cinta. Sinceramente las he hecho de tres formas diferentes y no he encontrado mucha variación en la textura. De hecho la primera vez que las hice sin batir en exceso los huevos también quedaron muy esponjosas. El azúcar que he utilizado es todo molido, para mí queda más fina la marquesa. Ingredientes a temperatura ambiente.

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Marquesas

INGREDIENTES (12 marquesas):

– 240 g de azúcar glas (separar en 2 mitades la cantidad 120+120 g)

– 250 g de almendra molida

– Ralladura de un limón

– 40 g de harina de todo uso

– 40 g de maicena

– 1 cucharadita o TSP de levadura química o polvo de hornear

– Una pizca de sal

– 4 huevos M

– Azúcar glas para espolvorear

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  Precalentar el horno a 180ºC y preparar unas cápsulas de papel preferiblemente cuadradas.  En un bol mediano mezclar juntos la almendra molida, la mitad del azúcar, la ralladura de limón, las harinas, el polvo de hornear y la sal. Reservar. En un bol grande con la ayuda de unas varillas manuales o eléctricas o robot de cocina, batir los huevos hasta que espumen. Añadir la otra mitad de azúcar glas y seguir batiendo hasta que crezcan un poco. Después añadir la mezcla de ingredientes secos que habíamos reservado. Integrar poco a poco, en 2 ó 3 tandas, con la ayuda de una espátula o batidor a velocidad lenta. Lo suficiente para integrar los ingredientes sin sobrebatir. La mezcla queda un poco espesa no os asustéis. Repartirla entre las cápsulas con la ayuda de una cuchara de helado o 2 cucharas soperas sin llegar al borde de las cápsulas. Hornear a media altura unos 15-20 minutos más o menos o hasta que al introducir un patio este salga limpio. He visto muchas recetas en las que indica unos 12 minutos pero en ese tiempo, de las 6 hornadas que he hecho ninguna estaba bien esponjosa en tan poco tiempo. La superficie se dorará ligeramente por los bordes.

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  Una vez fuera del horno espolvorear con un poco de azúcar glas hasta cubrir la superficie. Y a disfrutar de su sabor 100% navideño.

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  Aunque parecen magdalenas no los son por lo que no esperéis que le salga el típico copete, eso sí, en su interior encontraréis una delicia fina y esponjosa al paladar con ese sabor tan característico a almendra.

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Pumpkin Whoopie Pies

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  Sí, ya sé que suena muy raro para ser un pastelito, pero los Whoopie Pies son otro de esos típicos dulces americanos y todavía no había horneado ninguno. Así que ya que estos días tenía por casa puré de calabaza asada de sobra aproveché para hacer una tanda para merendar el domingo. Y tanto me han gustado que como veis ya los he subido al blog. Hace tiempo me compré un molde para Whoopies, pero ya os digo yo que no hacen falta, es más, con el molde queda una rebaba rara que no me gusta pero como no quiero tener moldes por estrenar allá que me fui a hacerlo. ¡Qué delicia! Está jugoso, cremoso, delicioso, hasta me gusta recién sacado de la nevera, como un sandwich frío. Y el relleno de queso crema le va que ni pintado.

  Y ahora diréis … Nos va a contar la historia de estos pequeños y deliciosos pastelitos. Si es que me conocéis muy bien jejeje. Los Whoopies Pies son muy populares en la costa Este Norteamericana, sobre todo en Pennsylvania, donde se han convertido en una tradición de los Amish, y en Maine, ya que ambos se disputan su origen. El más típico es el de chocolate pero los de calabaza también se han hecho muy populares. Un sandwich hecho con dos galletas abizcochadas y una generosa cantidad de crema en su interior. La cocina amish se trata de viejas recetas que han alimentado a las familias durante generaciones, sin fusiones ni mezclas de moda ni entre culturas. Estos pasteles  whoopie fueron considerados un regalo especial porque fueron hechos originalmente de masa sobrante de los bizcochos. Según la leyenda de los Amish, cuando los niños o maridos encontraban estos bocaditos en sus fiambreras de comida, gritaban “Whoopi!“. Los amish también les llaman hucklebucks. El relleno suele ser generalmente de dos tipos, con un glaseado espeso hecho con dulce de manteca vegetal Crisco y azúcar glas o con marshmallow FLUFF, esa crema pecaminosa de nubes.

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  La entrada de hoy es tan rápida que casi no me dejan ni fotografiar este postre. Los han devorado sin piedad. ¡¡¡¡¡Mami date prisa que tenemos hambre!!!!!-dijeron las fieras. Jejeje son insaciables, pero es la única manera de que mi pequeña coma calabaza, en crema o en postre. Me vais a perdonar que hoy no ponga el paso a paso pero es que es muy sencillo. La receta es del libro de Hummingbird Baker Cake Days-Recipes to make every day special, de Tarek Maalouf and The Hummingbird Bakers. Es un libro de lo más completo con cakes, cupcakes, loafs, whoopies, bars, pies, muffins, cookies, … Como veis no tiene desperdicio. Ya he hecho varias y quedan genial. Se trata de una cadena de pastelerías londinense pero con productos típicamente americanos. La primera de estas Bakerys nació en 2.004 en el barrio de Nothing Hill. Luego abrieron unas cuantas más por la ciudad y hasta tienen una en Dubai. Los libros no tienen desperdicios, tengo varios y son recetas deliciosas de las que nunca fallan.

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  He modificado el relleno porque lleva crema de marshmallows (nubes de chuche) y yo no se la he puesto. Me parecía que iba a quedar demasiado dulce. Creo que con el resto de ingredientes queda genial, como el frosting de la Carrot Cake. Así que doblé cantidades y obvié la crema de nubes. Recordad que si no digo lo contrario, ingredientes a temperatura ambiente. Aunque veáis en la foto que he utilizado el molde de Whoopies no es necesario. Con la ayuda de dos cucharas soperas se coloca la masa formando un círculo de unos 5 cm de diámetro y dejando una separación de al menos 2-3 cm entre ellos porque crecen en el horno. Vamos con la receta.

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Pumpkin Whoopie Pies

INGREDIENTES (para unos 8-10 whoopies):

Whoopies

– 120 ml de aceite de oliva suave

– 200 g de azúcar moreno claro (light brown sugar)

– 1/2 TSP o cucharadita de extracto de vainilla

– 1 huevo tamaño L

– 115 g de puré de calabaza (asada o hervida)

– 250 g de harina de todo uso

– 1/2 TSP o cucharadita de polvo de hornear

– 1/2 TSP o cucharadita de bicarbonato sódico

– 1/2 TSP o cucharadita de sal

– 1 TSP o cucharadita de canela molida

– 1 TSP o cucharadita de jengibre

Crema de queso

– 190 g de mantequilla sin sal

– 300 g de azúcar glas (mejor icing sugar)

– 160 g de queso crema no light (tipo Philadelphia)

– 1 TSP o cucharadita de extracto de vainilla

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  Preparamos un molde o un par de papeles de horno encerado sobre dos bandejas. Precalentar el horno a 170ºC con calor arriba y abajo. En un bol tamizar juntos la harina, las especias, el bicarbonato y la levadura, reservar. En otro bol a mano, con varillas eléctricas o en un robot de cocina tipo K.A. batir el aceite con el azúcar y la vainilla hasta que palidezca un poco el color. Verter el huevo y el puré de calabaza y mezclar hasta obtener una masa homogénea. Añadir la mezcla de ingredientes secos a velocidad baja solo hasta que se integre. Con la ayuda de dos cucharas soperas o una de helado verter masa sobre los papeles de horno en las bandejas formando círculos (de unos 5 cm de diámetro) y separando 2-3 cm entre ellos. Hornear a media altura de 10 a 13 minutos o hasta que al pinchar con un palito este salga limpio o se torne la superficie dorada. Sacar del horno y dejar enfriar por completo. Mientras se hornea aprovechar para hacer el frosting: en un bol de un robot de cocina batir la mantequilla con el azúcar con el accesorio pala hasta que quede una mezcla suave. Después añadir el queso crema ligeramente batido con la ayuda de un cucharón o cuchara de madera y la vainilla. Batir a velocidad alta por un minuto. Reservar en la nevera mientras se enfrían las galletas del whoopie.

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  Una vez frías las galletas rellenar con la crema y a disfrutar!!!!!!!!

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Con forma de galleta pero textura de bizcocho.

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Solo o acompañado de un gran vaso de leche, un café o un Chai tea latte, deliciosos.
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La jugosidad del bizcocho y la untuosidad de la crema lo hacen irresistible.

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Un postre muy cómodo de comer, a bocados, con las manos y sin ensuciar nada.

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El bocado no te dejará indiferente, es así de jugoso y tierno. No dejamos ni las migas.

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Quesada pasiega tradicional cántabra

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  El verano pasado volvimos a repetir vacaciones por el norte de España. Esta vez en la zona oriental de Cantabria, y también visitamos Vitoria y Bilbao. Hace dos veranos ya estuvimos en la zona de los Picos de Europa y Asturias. Esta vez nos alojamos en el municipio de Hazas de Cesto.

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  Y tenía pendiente hacer algún postre de la zona. Viajar al norte es adentrarse en la naturaleza, volver al medio rural y degustar una gastronomía que no defrauda. Además encontramos un alojamiento increíble, un herrero en una gran finca con parcela para que las niñas camparan a sus anchas. El hórreo es una construcción más típica asturiana, en Cantabria sería la cabaña pasiega pero a nosotros este pequeño tesoro nos encantó. La parte de abajo en lugar de abierta estaba cerrada y habían construido una cocina-comedor.

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  Los dueños del lugar nos proporcionaron además 4 bicicletas. Son las vacaciones ideales para las niñas y para nosotros. La mañana la dedicábamos a ver algún pueblo o ciudad, o hacer alguna excursión. Después de comer volvíamos al hórreo, nosotros aprovechábamos para descansar un poco, leer, o no hacer nada más que tumbarnos en el césped. Las niñas aprovechaban para jugar, correr e inventarse historias.

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  Luego cogíamos las bicis y nos íbamos por los caminos a ver a los caballos, las vacas, las ovejas, el río, … A las niñas les encantó ir a las Cuevas de Altamira y de El Soplao, o al Parque de Cabárceno donde disfrutaron de los animales, especialmente de los osos.

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  No sé por qué estos días me he acordado de nuestras vacaciones. Será la lluvia de estos días en Valencia. Será la idea de hornear unas quesadas pasiegas caseras. Será que me traje cuajo de allí y mantequilla de los Valles Pasiegos y no quería que me caducara. Y que este domingo, en Valencia, el tiempo sólo invitaba a recogerse en casa y encender el horno. Así pues, con leche fresca de vaca y cuajo natural bovino, preparé el queso tradicional con el que se prepara este típico postre cántabro, la quesada pasiega.

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En Hazas de Cesto, donde nos alojamos, probamos unas cuantas quesadas pasiegas.

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  Y sobaos, bollos, magdalenas y un par de postres que nos trajimos de Bilbao uno de los días que visitamos la ciudad. El típico pastel vasco y un Goxua. Como veis allá donde voy me gusta probar la repostería típica.

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Como veis hice acopio de mantequillas del lugar.

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Y más quesadas …

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Arroz con leche.

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Cuajadas … Vamos que las vacas conmigo tienen faena jejeje.

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Y vinimos encantados de comer cocido montañés. Que no sólo de dulce vivo yo.

  Cantabria es una región de gran tradición repostera. La excelente calidad de la leche y sus derivados, han sido durante siglos la base de la repostería artesana cántabra, con dulces tan exquisitos como la “Quesada pasiega” o el universal “Sobao pasiego”.

  La quesada pasiega tradicional se puede tomar fría o bien templada al poco de salir del horno. Yo la prefiero tomar al día siguiente, más cuajada pero no fría. Su aroma a limón y canela, se deshace en la boca, y hacen de ella uno de esos dulces cántabros que tanto me gustan.

  La quesada original se preparaba horneando una pasta compacta hecha con queso pasiego fresco o  “queso de las pasiegas”, mantequilla, huevos, miel, harina, cáscara de limón y canela. Es un queso elaborado con leche de vaca fresca que se cuajaba, para luego trocearlo en pequeños pedazos. La cuajada pasaba, una vez escurrida, a una tabla hasta quedar por completo sin suero. La quesada pasiega es un postre típico de los Valle Pasiegos y es uno de los postres más representativos de Cantabria. El término “pasiego” se refiere a algo cuyo origen se encuentra en el valle entre ríos Miera, Pisueña y Pas; bello paraje verde y ondulante en el que abunda el ganado y, por ende, la leche y el queso, ingrediente fundamental de esta tarta parecida al budín.

  El origen de la quesada es un tanto incierto, pero sabemos que en El Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita, en el S.XIV y también en el libro de cocina de Rupert de Nola, en 1.529, se habla del queso asadero, por ser un queso que mejora mucho asándole, así como de una receta muy próxima a la de la quesada.

  La importancia de la mantequilla en la quesada pasiega es innegable. Este producto marcó siempre la desigualdad entre los pueblos del norte de España y los del Sur. Arriba la mantequilla y abajo la oliva. La utilización de la mantequilla fue una de las herencias bárbaras recibidas por los pueblos del norte del país. Por su color y textura, era utilizada en las ceremonias religiosas de bretones e irlandeses. Otro producto primordial es la leche que procedía de las vacas de los valles pasiegos. Leche fresca, con cuerpo, para elaborar el queso. Y también el azúcar, que entró en España de la mano de los árabes y cuyo origen generalizado no se produce hasta el siglo XIII. Por ello, se cree que los primeros sobaos y quesadas se elaboraban con miel, abundante en los bosques de Cantabria.

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  De las virtudes de la quesada y su relación con la economía pasiega podríamos referirnos en los mismos términos que en el sobao. Se trata de un dulce simple y sencillo, pero cuyo éxito depende en buena medida de la calidad de la leche de la raza vacuna pasiega. El queso fresco salía de las ubres de una raza autóctona, preparadas durante siglos para la producción de leche de características peculiares por gentes, los pasiegos, que lo hacían con mentalidad de pastores. Éstos llevaban  el ganado en la primavera y verano a las branizas (prados robados al bosque) en compañía de toda la familia, con el nomadismo propio de los pastores, para estabularlo posteriormente en invierno y alimentándolo únicamente con heno.

  Cuando el consumidor de hoy en día degusta una quesada, en cierto modo, está reviviendo las características sutiles y sensuales del hogar pasiego. El sabor a humo del horno, las delicias de la mantequilla casera, de extraordinarias características organolépticas, las reminiscencias animales del odre, el gusto de los huevos de gallinas bien libres, el sabor seco de trigos perfectamente seleccionados para hacer el pan y las características de un azúcar que se adapta perfectamente al recocido, producto caro y prestigioso, que dejó en segundo plano a la miel. Toda una delicia para el paladar y una buena manera de saborear lo más genuino del pueblo cántaro. Fuente: Libro Ruta Gastronómica por Cantabria, de Inés Butrón.

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  Aunque hay gente que prepara este postre con queso fresco, yogur o cuajada yo he querido hacerlo a la manera tradicional. Aunque no he podido conseguir leche fresca cántabra sino la leche fresca, los huevos son recién puestos y la mantequilla pasiega.

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En Cantabria hay máquinas dispensadoras de leche fresca como esta de La Cántara.

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Yo me he conformado con una leche fresca uperisada.

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  Espero haberme acercado a la receta tradicional aunque la leche no sea cántabra. Espero que os guste.

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  La receta que os presento la recoge Concepción Herrera de Bascuñan en el libro “Cocina Cántabra”. Es una receta muy antigua, de 1.895, cuando las quesadas se elaboraban en los hornos de leña al sacar el pan. Y la encontré también en el blog Sweet & Sour, toda una delicia de su autora Virginia.

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El sabor denso con aromas a cítricos y canela es mi perdición.

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Tengo especial predilección por los postres de toda la vida.

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No hay nada más sencillo y delicioso.

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Quesada pasiega

INGREDIENTES  (para 8 porciones):

– 1 litro de leche fresca entera pasteurizada

– 2 cucharadas o TBSP de cuajo (lo venden en farmacias)

– 4 huevos tamaño M

– 250 g de azúcar

– 100 g de mantequilla

– Ralladura de 1/2 limón

– 1 TSP o cucharadita de canela

– Una pizca de sal

– 100 g de harina

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Una vez obtenida la leche cuajada reservar.

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  Precalentar el horno a 200ºC con calor arriba y abajo. En un bol grande batir los huevos con el azúcar y añadir la mantequilla previamente derretida y dejada de nuevo enfriar. Por otro lado añadir a la leche cuajada la ralladura de limón, la canela y la pizca de sal. Mezclar con una cuchara sin deshacer demasiado los grumos y verter en la mezcla de huevos. Por último añadir la harina y mezclar con una cuchara o espátula dejando la masa más bien gruesa, sin deshacer todos los grumos. Preparar un molde cuadrado o rectangular untado con un poco de mantequilla y colocar papel de horno, espolvorear con un poco de azúcar y canela. Verter la masa sobre el molde. Hornear durante 8 minutos a 200ºC y luego durante 45 minutos a 180ºC. Pasada media hora de estos 45 minutos subir la bandeja del horno al tercio superior.

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  Este es el aspecto dejándola enfriar un poco, 30 minutos después de hornear. Está más granulosa, “menos cuajada”.

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  Se puede tomar templada o dejar reposar hasta el día siguiente.

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  Si la refrigeráis tened en cuenta que para apreciar mejor su sabor ha de estar templada así que sacadla de la nevera 30 minutos antes de servir. Yo la he probado de las dos maneras. Recién hecha es como más sedosa, menos compacta.

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  Al día siguiente está como más cuajada. Deliciosa de cualquier manera. En el desayuno, merienda o de postre, cualquier momento es bueno para degustar este típico postre cántabro que tantas ganas tenía de hacer en casa.

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Fresas decoradas con chocolate

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  Hoy os traigo un postre que hice hace unas semanas. El post de hoy va teñido de rojo fresa. Los que me seguís en Facebook ya la habréis visto. En realidad hoy no os traigo una receta, os traigo una presentación. Una manera diferente de decorar esas fresas de temporada. Sólo necesitaréis derretir chocolate en el microondas, bañar, refrigerar y decorar las fresas con la ayuda de una cuchara o de un cucurucho de papel de horno. Nada más, es sencillo y muy lucidor.

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  Si os digo que hace más de diez años que quería hacerlas y nunca encontraba el momento o simplemente no me acordaba. ¿No os pasa que a veces os acordáis de una receta cuando su ingrediente principal ya no está en temporada? Pues éso. Hace años estuvimos mi marido y yo en Bruselas y en una de sus bombonerías, Godiva, en el escaparate había una fuente de chocolate y un pastelero bañaba y  decoraba las fresas con chocolate como si les estuviera poniendo sus mejores galas. Me encantó. Al cabo de unos años fuimos a Nueva York y en la Quinta Avenida pasamos por Godiva de nuevo. Esta vez vendían las fresas a modo de cucurucho de papel lleno de fresas decoradas con chocolate formando rayas. Y volvió a mi memoria esta decoración tan simple pero tan lucidora. Eso y que me quedaba un poco de chocolate de cobertura 50% en gotas de Valor.

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  Todos en algún momento en casa hemos derretido chocolate y hemos untado o bañado esas deliciosas frutas rojas ¿verdad? Pues hoy os propongo entreteneros solo un poquito y vestirlas de gala.

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Las fresas y los frutos rojos son mi perdición. Bocado jugoso.

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Fresas decoradas con chocolate

INGREDIENTES (para 4 personas):

– 500 g de fresas lavadas y secas

– 100 g de chocolate blanco

– 100 g de chocolate negro

  El procedimiento es muy sencillo, troceamos el chocolate o colocamos las gotas o cobertura en un bol cada sabor (yo he utilizado cobertura gotas Valor 50%). En el microondas a golpes de 30 segundos a un máximo de 400W lo vamos derritiendo (o al baño María). Repetimos el proceso 2 ó 3 veces hasta que se derrita, sin que llegue a quemarse, de ahí el calentar poco a poco y a baja temperatura. Yo con el blanco siempre tengo problema, utilicé el de postres de Nestlé y para que no se me hicieran grumos le añadí una puntita de manteca de cacao y listo.

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  Una vez derretido el chocolate bañamos la fresa en él. Podéis pincharla con un tenedor o bien, como hice yo sujetar la fresa por el rabito. Vais colocando las fresas bañadas en un papel de horno sulfurizado. A mí me gusta el de Consum que ha cambiado el formato y la verdad que me da muy buen resultado y es barato. Una vez bañadas todas, la mitad en blanco y la otra mitad en negro, a la nevera y a esperar una media hora a que se endurezca bien.

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  Hacemos un pequeño cucurucho con un triángulo de papel de horno, rellenamos con el chocolate derretido cortamos un pelín la punta.

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  Vertemos líneas de izquierda a derecha y listo. Podéis ver un par de vídeos que hice y colgué en mi Facebook.

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  Para decorar las fresas como si llevaran frac cogemos las fresas bañadas en chocolate blanco ya refrigeradas y las volvemos a bañar, esta vez en el chocolate negro pero dejando un hueco en medio. Las bañamos de lado haciendo una línea diagonal por un lado y por el otro. Luego con un cucurucho relleno de chocolate negro hacemos tres puntitos a modo de botones y la pajarita. Podéis ver un vídeo aquí. Las metemos de nuevo a la nevera y en media hora listas. No diréis que no quedan lucidoras ¿eh? Y son sencillas de hacer, lo complicado es no hincarles el diente durante el proceso. Una para la nevera otra para mí …

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Como veis se pueden hacer postres baratos, fáciles y resultones en un momento.

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Podéis combinar chocolate blanco y negro creando rayas bicolores.

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Lo crujiente de la superficie combina con lo jugoso del interior.

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Un placer para los sentidos.

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  Otra opción es bañar en chocolate y luego en frutos picados como almendra  o pistacho y refrigerar. Quien dice frutos secos dice confites de azúcar, non pareils, … Echadle imaginación!!!!!!

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Triffle o vasito de tortà con chocolate al caramelo

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  Tenía muchas ganas de hacer postres en vaso y llevaba tiempo queriendo utilizar un chocolate con leche al caramelo de Valor, de la colección del maestro Torreblanca para coberturas. Mi amiga Isabel me trajo una tableta y no encontraba el momento de usarla. Así que me dije, Patri, de este fin de semana no pasa. Ya sabéis que no soy  de celebrar San Valentín, pero sí de hacer postres con cualquier excusa así que esta me venía que ni pintada. Quería unir dos tradiciones, la típica Tortà de almendra y el chocolate Valor. Quise participar con esta receta en el concurso de Paco Torreblanca de Valor del año pasado pero con el curso de Macarons Le Must se me echó el tiempo encima. El caso es que se me ocurrió hacer uno de esos Trifles que llaman los anglosajones, pero en versión Mediterránea. Antiguamente se hacía este postre para aprovechar restos de bizcocho intercalando capas del mismo con crema inglesa, nata, capas de gelatina o fruta. También se puede emborrachar el bizcocho con almíbar o licor. Se hacen en vasos o copas transparentes y de igual medida en su base que en la parte superior. Es como una tarta vista. Yo creo que queda muy bonita esta presentación.

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Chocolate y almendra, me ha quedado un postre alicantino total.

  He utilizado muchos chocolates pero sabéis que tengo especial debilidad por el de Valor porque además de su calidad es de la terreta (de la tierra), como decimos por aquí. Quizá hayan bizcochos más adecuados para hacer este tipo de postres como el genovés (tipo planchas) que utilicé en la Tarta Fraisier (también de capas) pero como este chocolate de cobertura es más dulce pensé que le iría mejor un bizcocho de almendra. La particularidad de este bizcocho es que no utiliza mantequilla ni aceite ni leche. Casi toda la harina que utilizamos es realmente almendra molida (con unas cucharadas de Maizena) y tampoco lleva levadura química pero crece en horno gracias a la carga de huevos con sus claras bien montadas a punto de nieve. Para ver el paso a paso de la Tortà pincha aquí. El molde que he utilizado es rectangular, el de la coca de llanda, luego con la ayuda de una lira he cortado en tres capas de 1 cm de grosor. Con las cantidades que os pongo saldrían unos 8 vasitos, la altura de los vasos que he utilizado es de 5 cm y 8 cm de ancho.

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  Unos los hice alternando 2 capas: bizcocho de almendra y trufa de chocolate al caramelo. Otros alternando 3 capas: bizcocho de almendra, trufa de chocolate al caramelo y crema inglesa o Devon custard que compré en Iceland. Es una especie de crema como nuestras natillas pero menos dulce. Iba a caducar así que pensé en utilizarla para este Trifle, dándole un punto inglés. La receta de la trufa de chocolate es una crema a base de nata montada y chocolate que utilicé en mis primeras tartas y que sale muy rica, la receta me la pasó alguien y llevaba tiempo sin utilizarla. Para que no quedara excesivamente dulce no azucaré la nata y le añadí chocolate de cobertura 70% de Valor. Podéis ver el paso a paso de la receta en las miniaturas.

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Vasitos de bizcocho de almendra y chocolate al caramelo.

INGREDIENTES (para unos 8 vasitos):

– Bizcocho o tortà de almendra

– Trufa de chocolate al caramelo

– Crema inglesa (opcional)

– Un poco de nata montada

– Cacao en polvo, virutas de chocolate, trocitos de caramelo, …

Tortà de almendra

– 12 huevos M separando las claras de las yemas

– 300 gr de azúcar

– 250 gr de almendra cruda molida con piel (sin tostar)

– 3 cucharadas o TBSP de maizena

– 1 cucharadita ó 2 de canela (al gusto)

– La ralladura de medio limón

– Opcional: un poco de licor para emborrachar el bizcocho (yo usé Cointreau)

  Lo primero de todo ingredientes a temperatura ambiente y horno precalentado a 175º C con calor arriba y abajo. Molemos la almendra cruda con la piel con la ayuda de una picadora y reservamos. Separamos las yemas de las claras. En un bol cremamos las yemas con el azúcar hasta que palidezcan. Con varillas eléctricas o robot de cocina batimos las claras a punto de nieve hasta que queden bien firmes. En el mismo bol de las claras añadimos las yemas con el azúcar y removemos con la ayuda de una espátula con movimientos envolventes intentando que no bajen mucho de volumen. Luego agregamos la almendra molida, la maizena, la canela y la ralladura de limón. Movemos la espátula hasta que quede mínimamente integrado, despacio, sin sobrebatir. Colocamos en un molde tipo llanda o fuente grande que previamente habremos untado con un poco de manteca, aceite desmoldante o forrando el molde con papel sulfurizado. Hornear durante 1h u hora y cuarto. No abrir el horno durante la primera media hora. Si hace falta colocar papel de aluminio encima pasada esa media hora si vemos que se dora mucho la parte de arriba. Pasada la hora pinchamos a ver si está hecho por el centro. Cuando el palito salga limpio ya está. Dejar el horno abierto apagado y esperar 5 minutos antes de sacar del todo. Dejar enfriar en rejilla. Una vez frío cortar en tres capas de 1 cm cada una. Mientras se hornea preparamos la trufa al caramelo.

Trufa al caramelo

– 150 g de chocolate con leche al caramelo Postres de Valor

– 75 g de chocolate cobertura mínimo 50% (yo usé Valor)

– 2 cucharadas o TBSP de agua

– 2 yemas de huevo M

– 100 g de mantequilla

– 150 g de nata montada sin azúcar (yo la hago casera). Reservad un poco más para adornar la copa.

  En un cazo al Baño María ponemos 2 cucharadas de agua, los dos tipos de chocolate troceado y derretimos. Cuando esté fundido se retira del fuego, se añade las yemas y se mezcla bien con la ayuda de una cuchara de madera. Volvemos a ponerlo al fuego suave hasta obtener una crema, sin que llegue a hervir. Lo retiramos del fuego y dejamos que enfríe un poco retirando el baño María. Luego incorporamos la mantequilla blanda y añadimos 150 g de nata montada. Pede ser casera o comprada. Si la montáis casera anotar unos trucos para que os quede bien firme: es muy importante utilizar nata con un mínimo de 35,1% de materia grasa, os ayudará si el recipiente en el que vayáis a montar la nata y las varillas los dejáis una hora en la nevera junto con la nata para montar (también bien fría). A continuación montar la nata y añadir 1 sobre de endurecedor o estabilizante de nata.

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  Una vez preparado el bizcocho y la trufa ya podemos montar el postre. Cortamos círculos de bizcocho del tamaño del vaso y alternamos capas de bizcocho con la trufa (y crema inglesa quien quiera) hasta llegar a la parte superior del vasito. Coronamos con un poco de nata montada y adornamos al gusto (cacao en polvo, fideos de chocolate, almendra crocante, trocitos de caramelo en gotas …). Yo, aprovechando estas fechas tan amorosas, hice unas decoraciones con chocolate derretido. Love is in the air … Las pepitas de caramelo (butterscotch chips) que he utilizado son de la marca Guittard que encontré en Taste of America.

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  Como veis queda de lo más vistoso y no es tan complicado como pueda parecer en un principio. Y además es un postre perfecto para preparar con antelación, al día siguiente está hasta más bueno.

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Un postre diferente, atractivo, delicioso, de cuchara, qué más se puede pedir.

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Modo San Valentín total.

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El contraste de sabores es espectacular.

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Y la presentación, quedarás como una reina!!!! O un rey!!!!

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A mí me ha conquistado ¿y a ti?

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Churros con chocolate a la taza

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  ¿Acaso hay en España algo más nuestro que unos buenos churros con chocolate de ese espeso que tanto me gusta? Pues en días como hoy necesito chocolate y churros tanto como el comer. ¡Qué mejor quitapenas que un poco de chocolate! Y si es Valor mejor que mejor.

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Pequeño inciso filosófico:

  Hoy me revelo porque me fastidian algunas cosas de este país.  ¿Por qué hay en el mundo gente que tiene como objetivo hacer que los demás se sientan muy pequeños para ellos sentirse muy grandes? Y luego se jactan de ser buenas personas. ¿Por qué en este país algunos no soportan a la gente válida, inteligente y con ganas de seguir aprendiendo? ¿Por qué en lugar de aprovechar las habilidades de las personas deciden hundirlas y enterrarlas? ¿Por qué hay que ser como borregos? ¿Es que las malas praxis una vez se instalan ya no se van? ¿Por qué se dice que “rectificar es de sabios” cuando luego la mayoría de la gente no lo cumple?  Eso me pasa por ser buena y pensar que la gente me va a responder como yo suelo hacerlo. Parece mentira que con 38 años a veces sea así de inocente y boba. Pero bueno no os voy a agobiar que me pongo metafísica y filosófica. Precisamente ahora que la asignatura que más satisfacciones me dio y la que recuerdo con más cariño en el instituto ahora ya no está. Y eso que yo era de ciencias puras. Se ve que quieren educar a los NO PENSADORES desde que son adolescentes. De un plumazo desaparece la filosofía como tal. Pensar menos y obedecer más. Adiós al hombre racional, bienvenido el Neanderthal. Con lo que me gusta mi país, a veces me dan ganas de mudarme, de verdad.

  En fin ¿y por qué os cuento yo todo este rollo? Porque he tenido un mal día y no puedo acabar hoy sin plasmar mi rabia en algún sitio. Afortunadamente el abrazo de una compañera, de mis hijas y de mi marido me han curado un poco mi alma herida. Pero como dijo Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó “Después de todo, mañana será otro día”. Porque después de todo, hace unos días he podido cumplir un sueño, el de mi marido, ver en concierto a uno de los más grandes grupos de rock de todos los tiempos, U2, así que arriba el ánimo Patri!!!!!

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Seguimos con la receta:

  Y ahora vamos con esa receta sencilla y tradicional. Hoy no he tenido que buscar la receta en un libro, ni en un blog sino con el boca a boca. En casa de mi suegra tanto ella como sus hermanas hacen esta receta en casa desde hace mil años. El único truco importante a la hora de hacer la masa del churro es añadir el agua hirviendo a la harina. Si además tienes en casa una de esas churreras que facilitan el trabajo mejor que mejor, si no, con una manga pastelera y una boquilla de estrella también se puede hacer. Pero os advierto que la masa no es fácil de trabajar, es como un engrudo, no lo habéis hecho mal no, es así, no es líquida ni elástica ni manejable. Es tosca y densa. Lo bueno de esta receta es que como los buñuelos, se hace mejor entre dos, en familia o entre amigos siempre mejor. Uno se encarga de la masa mientras el otro los fríe. No es la primera vez que los hago pero sí la primera que los fotografío.

  Si os asomáis al recetario veréis que ya he publicado casi 200 recetas. Pues bien tengo una amiga, Paqui, a la que no le gusta el dulce. Ni tartas, ni bizcochos, ni magdalenas, ni galletas, nada dulce. De toda la repostería que he hecho sólo ha comido buñuelos de calabaza y estos churros. Así que es todo un honor haber encontrado dos postres que le gusten. Tengo que encontrar alguno más, es todo un reto!!!!!

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  Como veréis en la lista de los ingredientes son muy básicos, harina de trigo normal, agua hirviendo, una pizca de sal, una pizca de bicarbonato y un poco de azúcar. No os hace falta ni báscula. Basta un simple vaso de los de nocilla de toda la vida o similar. La misma cantidad de agua que de harina. No hace falta tamizar ni sacar el batidor ni el robot de cocina, basta con una cuchara de madera. Podéis hacerlos sin churrera, con manga pastelera pero la verdad es que con la churrera es más fácil. La mía es de plástico y lleva un émbolo que para empujarlo basta con girar una pieza, sin esfuerzo, la masa sale sola. Podéis hacer tiras largas y doblar la masa juntando los dos extremos o hacerlos simplemente como bastones. Es tan fácil que no volverás a comprar los congelados ni a bajar a la churrería. Y si quieres puedes formar los churros y en crudo colocarlos sobre un papel de horno alineados y una pequeña bandeja y congelar. Cuando ya estén duros los puedes guardar en bolsas con cierre zip. Y así tienes desayuno rápido y rico el fin de semana. ¿Te animas?

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  Si vas a hacer los churros acompañados de chocolate a la taza te recomiendo que primero prepares el chocolate, yo suelo utilizar el de toda la vida, el preparado en polvo de ValorCao de chocolates Valor. Leche caliente a la que se le añade 50 gr de preparado por cada 200 ml de leche entera y a fuego lento sin dejar de remover hasta que hierva. Retirar del fuego y cuando los churros estén listos sólo hay que darle un ligero calentón al chocolate a la taza. Yo hiervo un poco de agua y la vierto dentro de la chocolatera de barro para atemperarla. El juego es de mi suegra, así que es de prestado. ¿A qué es bonito? Me encanta el aura que tiene el menaje antiguo.

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Churros caseros

INGREDIENTES (para 24 churros):

– 2 vasos de harina

– 2 vasos de agua

– una pizca de sal

– 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico

– Azúcar para espolvorear, al gusto

– Aceite de oliva suave

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  En un bol ponemos la harina con el bicarbonato y en un cazo llevamos a ebullición el agua con la sal.

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  Añadimos el agua hirviendo al bol con la harina de una sola vez con cuido de no quemarte y con la ayuda de una rasqueta rígida o de una cuchara de madera removemos durante un minuto de manera que toda la harina se “moje” de agua. Quedará una masa densa, como un engrudo, grumosa y difícil de manejar. No te preocupes no has hecho nada mal, es así. No caigas en la tentación de añadir agua para suavizarla.

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Llena la churrera o la manga pastelera con cuidado de no quemarte.

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Pon una sartén con aceite a calentar, cuando esté bien caliente (ojo, sin llegar a echar humo) ves formando los churros y vertiendo con cuidado de no salpicarte de aceite.

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  Deben estar dorados y crujientes por fuera pero no secos por dentro así que hay que freirlos lo justo, doraditos, no más.

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Y así por tandas hasta que acabemos con toda la masa.

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En forma de lazo o alargados, al gusto, como si queréis hacer un ocho.

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Y lo mejor, untar el churro en el chocolate Valor.

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  Como veis en las fotos estos churros no dejan aceite en el papel secante, el truco está en utilizar el agua hirviendo en la masa. Un poco de azúcar espolvoreado, a mí no me gustan rebozados, sólo un poco de azúcar.

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¿Os animáis a hacer churros caseros?

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