Huevos de Pascua con sorpresa

  Llevaba mucho tiempo queriendo hacer este postre desde que se lo vi hacer a Amaury Guichon en IG. Veía el vídeo y me quedaba embobada. Claro que a mí no me sale con tanta soltura y gracia pero creo que sinceramente, ha quedado bastante bien. Es un huevo de Pascua con sorpresa, un trampantojo.

  Algo parecido he querido hacer también en honor a Mey Hofmann, la chef con 1 estrella Michelín creadora de la Escuela, restaurante, taberna y pastelería Hofmann. Desde que lo vi en la Pastisseria Hofmann del barrio del Born en Barcelona pensé en hacerlo. Si vais a Barcelona os la recomiendo encarecidamente, es un lujo de sitio de productos y de puesta en escena de sus postres.

Bueno pues la creación que hoy os traigo es un homenaje a esas Monas de Pascua tan típicas de Cataluña que son verdaderas esculturas y obras de arte de chocolate.

 

  La cáscara del huevo está hecha con chocolate blanco atemperado vertido sobre las cavidades de un molde de silicona con forma de medio huevo de Silikomart. Con la ayuda de un poco de alcohol alimentario, un poco de tinte alimentario negro y un cepillo de dientes cree el efecto de las motas de la superficie del huevo. Primero lo hice en el molde antes de verter el chocolate pero puse pocas y luego una vez formado el huevo le añadí más. 

  El interior del huevo que imita la clara es un cremoso de vainilla y la yema tiene dos partes, una esfera exterior con puré de mango gelatinizado y el interior con trozos de pulpa de mango también gelatinizada. Para hacer la yema usé el molde de cakepops de Kitchen Craft que ya utilicé para hacer las Bolas de Dragón de la Tarta de Son Goku.

  La receta original del interior del huevo la podéis encontrar aquí.

 

  La receta original utiliza pulpa de mango y añade azúcar, yo he utilizado mango en almíbar así que no he añadido azúcar extra. Al triturarlo y verterlo veréis que queda alguna hebra, es normal, el mango tiene hebras. En el caso de la compota de mango del interior de la esfera sólo añadí un poco de glucosa, obvié de nuevo el azúcar. La receta original utiliza pectina pero es difícil de conseguir y cara, se puede hacer casera pero es laborioso. Opté por utilizar agar-agar que también gelatiniza, es barato, viene en prácticos sobres y se puede encontrar la marca Vahiné en supermercados. Según la receta el cremoso de vainilla hay que dejarlo enfriar en la nevera durante 5h. Pero si queréis que la superficie quede más lisa al rellenar las mitades de huevo de chocolate yo sólo esperaría a que se enfriara a temperatura ambiente y lo colocaría directamente en las mitades de huevo. Después añadís las semiesferas y a la nevera. A continuación os dejo el paso a paso. Si queréis ver el vídeo del corte del huevo pasaros por mi cuenta de Instagram, está en destacados.

Huevos de Pascua con sorpresa

INGREDIENTES:

Cáscara de huevo

– 400 g de chocolate blanco cobertura

– 1/2 cucharadita o TSP de alcohol alimentario

– Una pizca de colorante negro en pasta o gel

Semi-esfera de mango

– 100 g de puré de mango en almíbar

– 1 ó 2 cucharaditas o TSP del almíbar del mango

– 2 g de Agar-agar (1 sobre de Vahiné)

Interior de las esferas

– 100 g de mango en almíbar cortado en trozos pequeños

– 10 g de glucosa (en su defecto sirope de maíz, Kyro)

– 1 ó 2 cucharaditas o TSP del almíbar del mango

– 2 g de Agar-agar (1 sobre de Vahiné)

Cremoso de vainilla

– 170 g de chocolate blanco derretido (usaremos el que sobró de las cáscaras)

– 10 g de glucosa

– 115 g de leche entera

– 2 hojas de gelatina hidratadas en agua fría

– 20 g de agua

– 200 g de nata líquida 35,1% de materia grasa

Nidos de Buttercream de chocolate intenso

– 55 g de mantequilla sin sal

– 210 g de icing sugar

– 40 g de cacao puro en polvo sin azúcar de Valor

–  50 ml de leche semidesnatada

  Derretir el chocolate y atemperar. Después verter sobre el molde de silicona totalmente limpio y seco. Es necesario llenar del todo las cavidades para repartir de manera homogénea, luego vaciar una parte sobre un bol grande para rescatar el sobrante. Después colocar boca abajo para que el chocolate se reparta bien por los bordes sin que se acumule en el centro. Dejar unos minutos y refrigerar al menos 30 minutos. Repetir de nuevo la operación para que no quede una capa demasiado fina y frágil.

  Mientras se refrigera la segunda capa preparamos las esferas de mango. Trituramos la pulpa del mango en almíbar escurrido y calentamos en un cazo hasta que alcance los 40ºC. Calentamos la TSP de almíbar y disolvemos en ella 1 sobre de 2 g de agar-agar y lo añadimos al puré de mango a 40ºC. Dejamos que la mezcla hierva durante 30 segundos y luego vertemos en moldes esféricos. Reservamos en la nevera y preparamos la compota del interior de las semiesferas. Cortamos el mango en almíbar escurrido, en trocitos pequeños. Disolvemos el agar-agar en la TSP de almíbar un poco caliente y mezclamos, lo añadimos a la macedonia de mango y calentamos un poco en un cazo. A continuación añadimos la glucosa y mezclamos. Con esta mezcla rellenamos las semi-esferas y refrigeramos.

  Mientras se gelatinizan las semiesferas preparamos el cremoso de vainilla.  Hervir la leche e infusiones con vainilla. Agregar las hojas de gelatina hidratadas y escurridas y la glucosa. Añadir al chocolate derretido. Incorporar la nata líquida y triturar. Cuando se enfríe verter sobre las cáscaras de huevo de chocolate, añadir las semi-esferas de mango. La preparación debe llegar al borde de las cáscaras de huevo, sin rebosar para poder luego cerrarlo y sin aquedaros cortos para que quede bonito al corte. Luego refrigerar (yo los dejé toda una noche en la nevera). Después pegad los bordes de los huevos con la ayuda de un poco de chocolate blanco derretido y afinad los bordes. Colocad sobre nidos de chocolate, podéis utilizar la boquilla césped para imitarlos, el buttercream queda espeso para que no pierda la forma.

  Para ver cómo se preparan los nidos de los huevos clica aquí.

  Si queréis con la mousse y las semi-esferas que os sobran podéis rellenar unas hueveras y hacer unos divertidos “huevos pasados por agua”.

 

Como veis me quedé un poco corta con el moteado así que luego le añadí más motitas.

El tamaño de los huevos es el de los de oca, y la “yema” vendría a ser de tamaño natural

Otra opción es hacer “huevos pasados por agua”.

Quedan de lo más vistosos.

Y apetecibles. Mmmmmmmm. ¿Os animáis a prepararlos?

 

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Cuajada de chocolate

 

  Lo prometido es deuda, hoy os traigo la versión chocolateada de la cuajada tradicional. También hecha con leche fresca de oveja pasteurizada y cuajo de Postres Ultzama, pero con un ingrediente adicional, chocolate mmmmm.

  Además no lleva azúcar añadido y está taaaannn rica. En casa ha triunfado. Y han durado poco la verdad, todo un éxito, sin encender el horno.

La receta de esta maravilla de textura cremosa y suave al paladar es del maestro chocolatero Rafa Gorrotxategui, la encontré en uno de los programas de David de Jorge de Robin Food.

  Si queréis saber un poco más acerca de la historia de la cuajada y su elaboración visita el post que publiqué ayer. Esta cuajada os sorprenderá, tiene una textura similar a una mousse suave al paladar, cremosa, mmm es inexplicable, no pensé que fuera a gustarme tanto. Para que se funda bien el chocolate esta vez calentaremos más la leche. Aunque Chocolates Valor suele ser mi marca de referencia esta vez he elegido un chocolate navarro, por la cosa de hacer la cuajada más “a la navarra”.

  La marca es Pedro Mayo, maestros chocolateros desde 1.847. Es una empresa navarra fundada en los años 60 del siglo XIX por Pedro Mayo Etuláin, natural de Ochagavia/Otsagabia (Navarra), en la pamplonada calle Zapatería. Fabricaba chocolate, dulces y cerería, vendiendo los anteriores y productos ultramarinos. Posteriormente se centraron en el chocolate. Actualmente forman parte de una corporación, Chocolates de Navarra.

Cuajada de chocolate

INGREDIENTES (para unos 6 tarritos pequeños):

– 1 l de leche de oveja fresca pasteurizada (no de brick), yo he utilizado kizkilurrin de Ultzama

– 6 gotas de cuajo para cada tarrito

– 200 g de chocolate cobertura negra (he utilizado al 62%)

 

  Poner la leche de oveja pasteurizada en un cazo y hervirla. A continuación añadir el chocolate rallado y bajar el fuego sin dejar de remover. Una vez disuelto retirar del fuego y pasarle el turmiz para evitar grumos. Preparar los tarritos con 6 gotas de cuajo, yo lo he utilizado químico y la temperatura que recomienda de la leche es 55ºC. En este caso es muy recomendable utilizar un termómetro para asegurarse de la temperatura y no “matar” el cuajo. Esa es la temperatura a la que recomienda el fabricante de mi cuajo que se debe añadir la leche (en caso de no utilizar cuajo Postres Ultzama ver instrucciones de fabricante). Verter la leche chocolateada sobre los tarritos (siempre poner el cuajo previamente) y dejar que cuaje al menos 10 minutos sin remover ni mover los recipientes. Cuando estén fríos guardar en la nevera cubiertos por film o papel Albal. No os extrañe que no añada azúcar, lleva el procedente del chocolate, y os aseguro que es suficiente. Queda riquísima.

Se prepara en un momento, no necesitas encender el horno y se toma fresquita !!!!!

Podéis verter unas virutas de chocolate.

O tomarla tal cual.

¿Os animáis a prepararla?

  Atención, atención, tengo la heladera en el congelador, aviso, próxima receta helado de cuajada.

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Cuajada tradicional y de ruta por el norte de Navarra

 

  ¿Cómo vais? ¿Ya estáis de vacaciones? Yo sí, y aún me quedan un par de semanas. Hace un mes que no publicaba nada. Entre el fin de curso y las vacaciones me he relajado con el blog. Y hace ya 5 años que empecé a publicar mis recetas en el blog!!!!!!!!! Parece que fue ayer cuando me inicié en el maravilloso mundo de la repostería. Pensé que me cansaría, que no me ilusionaría tanto contaros mis historias, mis recetas y creaciones, pero como veis aquí sigo 5 años después y con la misma ilusión que el primer día pero con más experiencia.

  Las próximas recetas que os traigo serán de lo más tradicionales y con leche fresca de oveja y cuajo que me he traído del norte.

  Los que me seguís en Instagram sabréis que he estado unos días en Navarra y el País Vasco disfrutando de mi familia y unos de mis mejores amigos. Paisajes de ensueño, prados verdes, bosques infinitos de castaños centenarios, fresnos, robles, arces, helechos, hayas, cascadas, ríos y una casa rural maravillosa en la zona de Montaña de Navarra. Un oasis de tranquilidad y encuentro con la naturaleza de los Pirineos.

  Ya sabéis que en los últimos años hemos estado por el norte, en Asturias, Cantabria y País Vasco. Aunque el Mediterráneo nos tira mucho, es muy refrescante pasar parte del verano en el norte. Para unos valencianos de sol y playa es lo más. Huir del sofocante calor y de la humedad.

  La casa de estilo rústico y tradicional está situada en Azquilarrea, en el municipio de Arantza (o Aranaz, el nombre histórico en castellano), un pintoresco pueblo de 650 habitantes al noroeste de Navarra. Es una de las cinco villas (la más aislada) de la montaña o Bortziriak que se sitúan a ambos lados del río Bidasoa. Situada en los Pirineos Atlánticos, la zona de Navarra más cercana a la costa.

  La casa tiene nombre propio, Haizegu. En euskera Haize-hegoa significa viento del sur, pero en Aranosa se acortan mucho las palabras y por eso dicen Haizegu. En la casa, obviamente, pega mucho el viento del sur, de ahí el nombre. Con su tejado, su piedra, la balconada, el porche y las contraventanas de madera es realmente preciosa, rodeada de pastos, cerca de un caserío familiar y con su propia fauna:

gallinas y perros que hicieron las delicias de los niños, los perros Lur (Tierra en euskera), la mayor, y Mendi (montaña en euskera), el cachorro. En el caserío de al lado que es de la familia de los dueños de la casa, había otro Collie llamado Pintxo. Ya os imagináis lo felices que estaban ellos y mis hijas y su amigo Víctor. Por la mañana excursión y a comer fuera y por la tarde paseo y a disfrutar de la casa y de los perros.

  Como bien sabéis, en casa hemos tenido más gatos que perros por cuestión de espacio pero tener la oportunidad de además tener perros en la casa rural fue una pasada. Los niños disfrutaron muchísimo. Además de la zona de terreno con césped y los columpios.

  Ir por huevos frescos de las gallinas todos los días era una tarea obligada para los niños. Las gallinas siempre ponían un huevo cada una al día y los dejaban en una esquina, siempre en el mismo sitio.

Pequeños detalles que lo dicen todo.

Cuidando hasta el último detalle.

  La casa tiene todas las comodidades sin perder ese aire rústico y tradicional.

Con un porche amueblado y una barbacoa de obra a la que por supuesto no le faltaron buenos chuletones, solomillos, hamburguesas de carne de la región y chistorra. Y mucho espacio para que los niños desfogaran y corrieran por doquier. Desde aquí además quiero dar las gracias a Maite, nuestra casera, por su amabilidad y por tener la casa tan arreglada y limpia, cuidando cada detalle. Por sus recomendaciones. Por dejarnos disfrutar de los perros de la casa. Hasta nos dio patatas de su huerto. Un encanto conocerla y a su pequeña hija Lorea, preciosa y muy simpática.

Las vistas que teníamos cada mañana desde nuestra habitación.

Un pequeño paraíso en plena montaña.

Rodeados de naturaleza.

  Disfrutamos de la cascada de Putzubeltz.

Aunque mis hijas disfrutaron más lanzando palos a Lur que se lo pasó pipa bañándose en las frías aguas de la cascada mientras los buscaba.

  Pensamos que nos llevábamos a la perra de paseo pero era ella la que nos llevaba a nosotros.

Un paseo por la calzada que baja hasta Arruzpi rodeados de árboles y algunas setas.

Salir a hacer rutas de senderismo por cómodas calzadas nos lleva a parajes como este.

  Y para reponer fuerzas cuajada de leche fresca de oveja con un chorrito de miel, estas que nos comimos en la casa son de la marca Goshua.

El kaiku grande es de la casa, el pequeño lo compré en una ferretería en Elizondo.

  La tradición ha conservado hasta nuestros días estos manjares gastronómicos como la cuajada (gaztambera) que se producía con leche de oveja y cuajo. La leche de oveja se ordeñaba y recogía en un recipiente llamado kaiku. De curiosa morfología, como veis,parece una jarra baja de cuerpo cónico e inclinado, con pico vertedero largo y un gran asa labrada en la misma pieza, por lo general asomada a su boca. El más tradicional es el tallado en madera de abedul (blanda, poco pesada pero resistente y abundante en el País Vasco y el norte de Navarra). Hay dos modelos principales uno para el ordeño (más inclinado para facilitar el proceso) y otro para presentarlo o servirlo en la mesa. Para hervir esta leche, como el recipiente era de madera y no se podía poner directamente al fuego, se utilizaban piedras incandescentes (esne harriak) que se vertían haciendo hervir la leche y obteniendo de ese modo un aroma y un sabor del característico requemado (kizkilurrin). Esta leche, una vez hervida, se dejaba enfriar  a 38º C y se le añadía el cuajo animal (que procedía del 4º estómago de los rumiantes) consiguiendo la cuajada.

Siempre es buen momento para comprar unos “souvenirs”.

 

  Y ahora os explicaré la receta de hoy, cómo hacer unas ricas cuajadas de leche fresca pasteurizada de oveja. Vamos con la receta. Los ingredientes pocos pero de calidad. La leche la encontré en el supermercado SUMA de Santesteban. Es de la marca Ultzama que tiene su empresa en el mismo valle navarro de Ultzama, con ganadería propia (ovejas de la raza francesa lacaune) y elabora desde leche fresca de oveja a cuajo, quesos, cuajadas, … Y el cuajo también es de la misma marca. En el supermercado tenían tres tipos de leche fresca pasteurizada de oveja de Ultzama: normal, con una pizca de azúcar añadido y kizkilurrin. Pero como bien explican ellos en su web …

  “Postres Tradicionales de Ultzama, queriendo seguir con la tradición, elabora leche de oveja pasteurizada ya con ese sabor a kizkilurrin para que puedas hacer la tradicional cuajada “quemada“ de Ultzama sin tener que utilizar piedras ni hierros al rojo vivo. Ese ligero sabor a quemado se consigue a través de la caramelización del azúcar de la leche (la lactosa), la leche se puede elegir “con azúcar” o “sin azúcar”. Hay tres tipos de cuajo según su origen: animal, vegetal y microbiano. Nosotros te ofrecemos el cuajo de origen microbio que coagula la leche cuando esta se encuentra a 50-60ºC, nos parece el más indicado para garantizar la higiene de la cuajada. También te facilita el cuajo microbio que cuaja la leche a unos 55-60ºC ganando en higiene respecto a la antigua cuajada que se cuajaba a la temperatura ideal de desarrollo de microorganismos patógenos.

  En el Valle de Ultzama, desde el año 2.010, se celebra anualmente en el mes de Junio, el “Día de la Cuajada”. Durante este día, se realizan demostraciones como la elaboración del colchón de lana, el ordeño de ovejas y por supuesto la elaboración tradicional de la cuajada. Además hay exposiciones de diferentes artesanos del valle y degustaciones de los mejores productos”.

  La cuajada es un postre tradicional típico de la gastronomía del norte de España, del Valle del Pas en Cantabria, del Valle de Ultzama en Navarra, de Castilla León, La Rioja, el País Vasco, Huesca, … De textura suave y cremosa está  elaborada principalmente con leche de oveja. En algunas zonas se utiliza leche de cabra, e incluso de vaca, pero la manera tradicional es elaborarla con leche de oveja. La leche de oveja tienen más materia grasa (20% frente al 10% de la de vaca), un extracto seco más alto y eso es lo que hace que sea muy consistente y la más idónea para producir este postre. Su elaboración es muy sencilla y se hacía siguiendo la receta de los pastores, que ellos mismos elaboraban en la época en que parían las ovejas, principalmente en primavera.

  La cuajada es un producto que se obtiene por la coagulación de la leche añadiéndole cuajo. En sus orígenes procedente de las propias ovejas paridas, concretamente de su estómago. Es un postre lácteo, pero no fermentado (como en el caso del yogur, por ejemplo), es una “leche cuajada”. Para degustarla se le va añadiendo miel o azúcar según se va consumiendo, pero sin remover. Es decir, se recomienda meter la cuchara y, sin revolver, ir comiendo de arriba abajo para apreciar la textura de la cuajada, la miel y los frutos secos. No se remueve como un yogur. También se elaboran cuajadas de chocolate, turrón, … y se puede elaborar tartas, helados, y otras preparaciones.
  Según la tradición histórica el cuajo se descubrió por primera vez aproximadamente hace de 4.000 a 5.000 años en Egipto. Se empleaban tripas y, sobre todo, estómagos. En aquella época, para realizar grandes desplazamientos se empleaban los estómagos secos de animales. En ellos se guardaban líquidos como el agua y la leche. Fue así como se supo que esta última, al alcanzar a una determinada temperatura, se cuajaba por la intervención de una enzima, consiguiendo de esta forma que el producto se conservase más tiempo gracias a la enzima del cuajar. De este modo se desarrolló a lo largo de los siglos el arte de hacer quesos. Este derivado lácteo no es otra cosa que el resultado de la acción de una enzima llamada renina, fermento o cuajo, y que tiene la propiedad de coagular la caseína de la leche. El cuajo natural se relaciona por tanto con la producción del queso desde tiempos inmemoriales. Si solo coagular la leche, obtienes la cuajada; si continúas con el proceso y la desueras, consigues el queso fresco y, a partir de ahí, si sigues separando el suero de la leche y vas añadiendo tiempo de curación, obtendrás quesos con diferentes puntos de maduración. La madera, y después el barro y el vidrio, son los elementos que mejor preservan la elaboración los postres tradicionales.
  Existen tres tipos de cuajo: animal (del 4º estómago de los rumiantes), vegetal (se extrae de vegetales como la flor de cardo o el galio, conocida como planta “cuajaleche” muy abundante en terrenos húmedo como los de Navarra y País Vasco) y microbiano (como el Rhizomucor Miehei del cuajo líquido de Ultzama).

  Pues con la leche fresca de oveja y el cuajo os explicaré como hacer este postre tan sencillo y tan tradicional. Os resultará muy fácil de preparar. Elaborar una auténtica cuajada artesana es muy sencillo, solamente debemos tener en cuenta dos factores, por un lado la calidad de las materias primas, leche de oveja y cuajo, y por otro lado la temperatura a la cual se realiza la reacción. Esta leche es 100% leche de oveja y ha sido sometida a un proceso de pasteurización y homogeneización, y por tanto no hace falta hervirla ni cocerla; solamente con templarla es suficiente. La leche debe ser entera y fresca (pasteurizada solamente, no uperisada). Es decir, no de brick si no fresca, la encontraréis solo en la sección de refrigerados.

Cuajada

INGREDIENTES (para unos 6 tarritos pequeños):

– 1 l de leche de oveja fresca pasteurizada (no de brick), yo he utilizado kizkilurrin de Ultzama

– 3-4 gotas de cuajo para cada tarrito (18-20 gotas para recipiente grande de 1 l)

 

  Puesto que la leche de oveja que he utilizado está pasteurizada no hace falta hervirla. Preparar los tarritos con 3-4 gotas de cuajo, yo lo he utilizado químico y la temperatura que recomienda de la leche es 55ºC. Calentar la leche, sin dejar de remover, hasta 55ºC aproximadamente (si no se dispone de termómetro viene a ser cuando empiece a humear). Esa es la temperatura a la que recomienda el fabricante de mi cuajo que se debe añadir la leche (en caso de no utilizar cuajo Postres Ultzama ver instrucciones de fabricante). Verter la leche sobre los tarritos (siempre poner el cuajo previamente, nunca después) y dejar que cuaje al menos 10 minutos sin mover los recipientes. Cuando estén fríos guardar en la nevera cubiertos por film o papel Albal.

Se puede consumir tal cual,

acompañada de frutos secos

como estas nueces pecanas

o de un buen chorro de miel.

Esta miel en concreto es de Brezo, de La Rioja.

  Se recomienda no “batir” los ingredientes con la cuchara sino coger las texturas diferentes en la misma cuchara y mezclar en la boca para apreciar la suavidad de la cuajada. Como veis está totalmente cuajada sin hacer nada más que añadir las gotas de cuajo.

Como veis una de las cuajadas la hice en el kaiku tradicional.

¿Y a ti cómo te gusta más? A mi con miel y nueces.

  Esta que preparé en unos tarros rojos nos la comimos previamente en Navarra, es de la marca Goshua. Para San Fermín sacan un envase especial con el color rojo de los Sanfermines. Tengo una amplia colección de tarros de todas las formas y colores. Además hace juego con mi jarra (también reciclada, de miel cántabra). Aquí no se tira nada, y si es bonito menos aún. Y tenía que repetir la sesión de fotos con nueces ibéricas jejeje.

  Ojo al dato, la siguiente versión será de chocolate, sin azúcar y está mmmmmmmm.

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Bizcoflán

  Hace mucho tiempo que quería hacer esta receta. Ahora ya no está entre mis pendientes. Se puso de moda hace unos años. Es mágica porque consta de 2 masas diferentes que al hornear invierten su orden. ¿Recordáis la Tarta mágica? Algo parecido invierte las capas por la diferencia de densidad entre las masas.

  ¿Os ha pasado alguna vez que seguís fervientemente a una autora y bloguera y de repente desaparece de la faz de la tierra? Parece que la blogosfera siempre va a estar ahí y de repente sin avisar, se acaba. Hace años seguía a una bloguera americana que formó una familia en Noruega y escribía y fotografiaba tanto recetas americanas como escandinavas. De repente dejó de publicar. Y reconozco que a pesar de no conocerla en persona me quedé como extrañada, de esa ausencia, de esa falta de contenido, desangelado de noticias suyas. Sin saber si estaría bien, si le habría pasado algo, o si, simplemente, se habría cansado de publicar. Su blog The Transplanted Baker sigue ahí.

  Lo mismo me pasó hace unas semanas con otra bloguera autora de varios libros que forman parte de mi biblioteca reposteril, Sandeea o Sandra Mangas del blog La Receta de la Felicidad. Con la diferencia que aunque hace un par de años que desapareció de las RRSS y dejó de publicar en su blog, hace sólo un poco tiempo que directamente desapareció el dominio y no hay forma de ver su contenido.

  Quizá un día yo también me canse, me dediqué a otra cosa o simplemente ya no me llene ni me satisfaga el compartir las recetas, porque al blog hay que dedicarle cariño, mimo y TIEMPO y a veces hay que priorizar.

  A veces uno se cansa o tiene algún problema que impide dedicar tiempo al blog. Quizá la vida personal, familiar o laboral no permite seguir dedicando tiempo a algo que antes nos llenaba y nos daba satisfacciones. Internet es efímero aunque a veces no nos dé esa sensación. A veces se ensalza algo que queda en el olvido después o alguien desaparece y te deja como “huérfana”. En este caso siempre me quedarán sus libros, menos mal.

  Bueno, dejemos de divagar y vayamos con la receta. El flan de huevo es uno de mis postres favoritos de toda la vida. Sandeea en su libro Chocolate tiene una receta, Chocoflan. Yo no lo he cubierto de chocolate y la receta del flan de huevo es el de toda la vida que hago siempre en casa pero el bizcocho de chocolate es el que aparece en su receta. Cuando hojeando su libro lo vi, recordé que nunca lo había hecho así que ya era hora de tachar otra de esas recetas pendientes.

  Ingredientes a temperatura ambiente a no ser que especifique lo contrario. Podéis hacer el caramelo casero con 50 g de azúcar llevándolo al fuego con unas gotas de limón, yo prefiero no complicarme y utilizar el de Royal de toda la vida. He hecho el postre en el molde Fleury de Lys de Nordic Ware. Primero lo he rociado con aceite desmoldante y luego he puesto el caramelo líquido.

Con el molde de Nordic Ware queda de lo más bonito.

Bizcoflán

INGREDIENTES (8 buenas raciones):

Bizcocho

– 100 g de chocolate negro (55% de cacao)

– 150 g de mantequilla

– 100 g de harina

– 25 g de cacao puro en polvo

– 1 cucharadita o TSP de café soluble

– 1 cucharadita o TSP de levadura química

– 1/2 cucharadita o TSP de sal

– 3 huevos

– 150 g de azúcar

Flan de huevo

– Caramelo líquido para el molde

– 1/2 l de leche entera

– 4 huevos M

– 200 g de azúcar

– Corteza de 1 limón

– 1 rama de canela

     

  Precalentamos el horno a 160º C. Preparamos el molde elegido con aceite desmoldante y caramelo al gusto. Preparamos la masa de bizcocho de chocolate. En un cazo calentamos la mantequilla al fuego y añadimos el chocolate troceado a fuego muy suave sin dejar de remover hasta que esté casi fundido. Retiramos del fuego acabamos de derretir el chocolate y reservamos. En un bol tamizamos juntos el cacao, la harina, la levadura, la sal y el café y reservamos. En otro bol batimos los huevos con el azúcar con un batidor hasta que la mezcla esté cremosa y después agregamos la crema de chocolate. A continuación añadimos los ingredientes secos y removemos con la ayuda de una espátula. Verter la masa en el molde y reservar. Preparar el flan calentando primero la leche junto a la corteza de limón y la canela, llevar a ebullición. En un bol batir los huevos con el azúcar, añadir la leche caliente colada, poco a poco y remover. Retirar las burbujas que se formen si no queréis que la superficie del flan quede muy agujereada, aunque a mí no me importa la verdad. Verter la masa con la ayuda de un cucharón o cazo, con cuidado. Cubrir con papel de aluminio el molde, colocar en un recipiente grande y rellenar con agua caliente para hacer el baño María. Hornear durante 1h. Sacar del horno, dejar enfriar a temperatura ambiente en el mismo molde y refrigerar (yo lo dejé toda la noche). Desmoldar y servir. Si no consumimos todo el mismo día guardar el sobrante en la nevera cubierto para evitar que se seque.

Está tan delicioso como parece.

Al corte queda de lo más bonito.

Me parece un postre con un toque retro encantador.

Delicioso, una combinación de texturas increíbles.

 

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Rosas de hojaldre y manzana

  Parece que la gripe me va dando algo de tregua, aprovecharé para publicar algunos posts pendientes. Hace tiempo que quería hacer un postre de esos fáciles y lucidores que descubro viendo vídeos de Facebook. Pues bien este era uno de esos postres perfectos para una fiesta de Alicia en el País de las Maravillas. Por algo la Reina de Corazones estaba tan obsesionada con las rosas rojas. En su honor va este sencillo postre. La receta la vi aquí.

La Reina De Corazones estaría encantada de venir a mi Tea Party de Alicia.

  El procedimiento es muy sencillo. Necesitaréis una lámina de hojaldre (mejor si es rectangular), un poco de mermelada y unas manzanas Red Delicious, de esas de piel bien roja, como la de Blancanieves. Subí un vídeo a Instagram por si queréis verlo aquí. Las he hecho en 2 ocasiones, una con mermelada de melocotón y otra con una mermelada floral.

Es muy cómodo utilizar hojaldre ya preparado como este de Buitoni.

 

Rosas de hojaldre y manzana

INGREDIENTES (para 6 rosas):

– 1 lámina de hojaldre rectangular

– 5 ó 6 TSP o cucharadas de mermelada al gusto

– 2 manzanas de piel bien roja

– El jugo de 1/2 limón

– Azúcar glas para espolvorear

– Un poco de canela para espolvorear

  Preparar un molde engrasado de cupcakes, con 6 orificios. Cogemos 2 manzanas las lavamos y descorazonamos. Luego cortamos en rodajas de unos 2 ó 3 mm de grosor. Las colocamos en un bol con el zumo de limón y unos 200 ml de agua, así las podremos cocer, evitaremos que se oxiden y cojan ese tono mazrronáceo, y se moldearan más fácilmente al enrollarlas. Calentamos en el microondas 2 ó 3 minutos. Mientras preparamos la base de hojaldre extendiendo sobre una superficie enharinada. Con la ayuda de un cortapizzas dividimos en 6 partes. Pincelamos con la mermelada y vamos colocando las láminas de manzana como veis en la foto. De manera opcional se puede espolvorear con un poco de azúcar moreno y canela. Doblamos el trozo de lámina de hojaldre y plegamos sobre las rodajas de manzana. Luego desde uno de los extremos vamos enrollando con cuidado. Y al finalizar colocamos en uno de los huecos del molde.

Y así hasta montar nuestras 6 “rosas”. Hornear a 190ºC a media altura con calor arriba y abajo durante unos 45 minutos. Espolvorear con azúcar glas y listo. Fácil y lucidor ¿no? Servir aún tibias.

Es una manera más divertida de comer fruta los más peques.

Como veis queda una rosa comestible muy vistosa.

Te sacan de un apuro en un momento.

¿Te animas?

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Tiramisú, la receta definitiva

  Hoy os traigo un clásico mejorado. Hace años publiqué una receta de Tiramisú que hasta hace poco era la que preparaba siempre. Pero aunque está muy rico pensé que se podía mejorar así que me puse de nuevo a investigar. Durante el traslado mientras reformábamos la casa preparé Tiramisú varias veces hasta que salió delicioso, con una textura más espesa para la crema y con un toque más suave de alcohol. Podéis ver fotos del montaje en la otra receta de Tiramisú, también muy rico. La receta es una adaptación de Nicoletta Negrini de “La Academia del Gusto”He modificado las cantidades a mis gustos. Esta vez no es necesario encender el horno, es un postre frío.

  Este postre moderno de los años ’50 es originario de la región de Véneto, Italia. La receta original aprovechaba bizcocho o galletas junto a café, un licor, azúcar y hueso. No llevaba queso en un principio y era un tentempié cuyo nombre deriva de la expresión “te tira su“, que podría traducirse por “levántate”.

  El nombre original del típico bizcocho seco o galleta de este postre es biscotto savoiardo, más conocido en su forma en plural savoiardi, un nombre italiano cuyo significado es “galleta saboyana”. También llamados en inglés Lady Fingers. Aquí en España se conoce como bizcocho de huevo, de soletilla o melindres. Por supuesto se pueden hacer caseros, es mi signatura pendiente con el Tiramisú. Se elaboran con una masa de bizcocho muy ligera, generalmente sin levadura, en la que se han montado las claras a punto de nieve para incorporar la mayor cantidad de aire posible. Esta masa se conoce como génoise.

  El aspecto más habitual del bizcocho de soletilla es el que comercializa la industria repostera: muy alargado y con la cara superior cubierta con una fina capa de granos de azúcar. Son perfectos para mojar en chocolate a la taza. En España se sigue elaborando de manera artesanal y casera, dándole forma con ayuda de una manga pastelera. Los bizcochos obtenidos tienen una forma más ancha y aplanada, son más blandos por ser más frescos, y se suelen cubrir con azúcar glas. Ambos valdrían aunque a mí personalmente me gusta más el que es más seco, aguanta mejor empaparlo en la mezcla de café expreso y licor. He utilizado ron, Amaretto, Cointreau, Brandy, … De todos los licores el que más que convence es el vino Marsala.

Tiramisú

INGREDIENTES PARA 6 PERSONAS:

– 6 huevos (4 claras y 6 yemas)

– 500 g de queso Mascarpone

– 8 cucharadas de azúcar

– Bizcochos italianos “Savoiardi” (unos 25)

– 400-500 ml de café

– Vino Marsala al gusto

– 125 g de chocolate amargo rallado

– 3 cucharadas o TBS de cacao amargo puro en polvo

  Preparamos un molde. La forma más común es rectangular y alto. Yo utilizo una fuente de cristal pero podéis utilizar cualquier molde, e incluso individuales o vasitos. No hace falta prepararlo con aceite, mantequilla y demás pues no vamos a hornear, es un postre frío.

  Un rato antes de empezar a hacer el Tiramisú preparar la salsa para los bizcochos con el café y una cucharada de vino Marsala. Reservar y dejar enfriar.

 En un bol, batir las yemas y el azúcar hasta que queden cremosos, de un color amarillo muy pálido y se forme una espuma.  El consejo de Nicoletta Negrini es que debe hacerse a mano, si se hace a máquina asegura que la textura no queda igual. Es el secreto de esta receta así que lo he seguido al pie de la letra. Yo las pongo un poco al baño María suave, no se trata de cocinarlas sino de facilitar que se deshaga el azúcar. Así no incorporamos todo las yemas crudas al conjunto.   En otro bol con varillas eléctricas o en un robot tipo K.A., batir las claras a punto de nieve hasta que estén muy firmes. En este caso he utilizado un batidor eléctrico de Bosch, verde menta, que me encanta. Así no ensucio tanto. Una vez que espesan las yemas añadir poco a poco el queso Mascarpone e integrar con la ayuda de una espátula con movimientos envolventes. Finalmente incorporar las claras montadas muy poco a poco. Darle un toque de sabor añadiendo una cucharada de vino Marsala.

  En un  recipiente, que puede ser la bandeja del horno colocáis la mitad de los bizcochos y con la ayuda de un biberón de cocina o una jarra con boquilla pequeña vais empapando los bizcochos con la mitad de la mezcla. Hay que encontrar el equilibrio entre un bizcocho seco o demasiado empapado. Primero mojáis por un lado y luego por el otro, con cuidado que no se rompan pero rápido. Si los bizcochos son firmes o duros tipo vainilla tendréis que dejarlos más tiempo, sino dadle la vuelta más pronto con cuidado que no se desintegren. Podéis ayudaros de una paleta. Disponer  la cara con el azúcar boca abajo.

  En una fuente rectangular montar el postre. Forrar la fuente con los bizcochos mojados y añadir la crema por encima. A mí me gusta hacer 2 capas. Entre las 2 capas añadir chocolate rallado. Enfriar mínimo durante tres horas, a mí me gusta dejarlo en la nevera toda una noche, se asientan los sabores y la textura. Antes de servir espolvorear con cacao puro sin azúcar (yo uso Valor). Yo en este caso había rallado de más asquee decoré también la superficie.

El corte quedó espectacular, ahora sí he encontrado la receta perfecta de Tiramisú.

  Si quieres decorar la superficie formando picos, pon sólo un poco de la crema sobre la última capa para no dejar “al aire” los Savioardi y guarda el resto de la crema de mascarpone en la manga pastelera en la nevera. Déjala reposar también mínimo 3 horas. Podrás hacer la decoración justo antes de servir o tenerla ya preparada y guardar las raciones en la nevera, pero sin el cacao.

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Copas de gelatina de champagne y mousse de chocolate blanco

  No quería dejar de felicitaros las Fiestas este año. ¿Brindamos? Ha sido un año increíble en el que he logrado mi sueño de tener mi nueva cocina, a medida, la de mis sueños. Un año de alegrías y tristezas como todos en la vida. Pero siempre hay que quedarse con lo bueno. Pensar que siempre hay gente que lo pasa peor, siempre, no sólo en estas fechas. Aprovechad las fiestas para juntaros con la familia, ver  a vuestros más queridos amigos. Reid, llorad, disfrutad pero siempre en compañía de los vuestros. Recordaos de los que están y de los que se fueron. Un beso y un abrazo enorme en estas fechas tan especiales que me hacen disfrutar y llorar a partes iguales.

  Hoy para celebrar las fiestas os traigo un postre de esos de lucirse y quedar como una reina. Está muy bueno pero además es muy lucidor. Muy festivo. Aprovechad y prepararlo para estas fechas, o para Nochevieja.

  El año pasado me quedé con las ganas de hacerlo así que de hoy no pasa. Alguien lo subió al grupo de Facebook de la Monsieur Cuisine Plus, (la Thermomix de Lidl). Pero tranquilos, no hace falta ningún robot de cocina para hacerla. La receta que más me gustó de las que busqué es esta. Es un espectáculo de blog, todo un descubrimiento conocer las creaciones de Roberto. He añadido más frutos rojos y  fraccionado ingredientes. Es un postre ideal para preparar de un día para otro.  Espero que os guste.

Copas de gelatina de champagne y mousse de chocolate blanco

INGREDIENTES (para 12 copas de cava medianas):

Gelatina de champagne

– 400 ml de cava o champagne

– 125 g de azúcar (o al gusto)

– 6 hojas de gelatina

– Frambuesas, grosellas, … frescas

Mousse de chocolate blanco

– 150 g de chocolate blanco

– 50 ml de nata 35’1% de materia grasa

– 24 g de yema de huevo (+/- una yema de huevo L)

– 15 g de azúcar

– 3 hojas de gelatina

– 250 ml de nata líquida 35’1% de materia grasa montada

Decoración

– Frambuesas frescas

– Virutas de chocolate blanco

Sprinkles o non pareils dorados

 

 

 

     

     

     

  Primero preparamos las copas, bien limpias y secas que queramos rellenar. Yo he utilizado unas de cristal para casa y otras desechables con el pie dorado para llevar a casa de mi suegra. Empezaremos con la gelatina de cava. Colocar las hojas de gelatina en agua para hidratar. Mientras mezclar el cava con el azúcar, mejor si calentáis un poco el cava para que se deshaga mejor el azúcar. Después escurrir bien las hojas de gelatina y añadir a la mezcla anterior un pelín caliente. Se deshará enseguida. Verter sobre las copas al gusto y colocar 3 ó 4 frambuesas y varias grosellas. Veréis que flotan, luego se hundirán un poco. Colocar las copas en el frigorífico ladeadas con la ayuda de una rejilla. Tened cuidado de no verter el contenido y que queden muy de lado. Queda una silueta muy bonita. Mientras cuaja la gelatina prepararemos  la mousse.

Como veis quedan de lo más vistosas.

  Para la mousse: montamos la nata y reservamos en la nevera. Calentamos los 50 ml de nata restante en un cacito hasta alcanzar los 90ºC. En un bol mezclamos la yema con el azúcar hasta que quede bien cremosa. Vertemos la nata sobre la mezcla e integramos bien. Después volvemos a pasar todo al cazo y calentamos removiendo constantemente hasta alcanzar 84ºC o hasta que empiece a espesar. No dejéis que se caliente más o cuajarán la yema de huevo. Retiramos del fuego o fuente de calor y vertemos sobre el chocolate blanco troceado previamente (si están poco derretido nos facilitará el trabajo). Removemos bien hasta que se derrita del todo, si hace falta le pasamos el túrmix unos segundos. Luego añadimos la gelatina previamente hidratada sobre la mezcla aún caliente. Cuando nuestra preparación esté tibia (unos 33ºC) le añadimos la nata montada y con la ayuda de una espátula hacemos movimientos envolventes. Una vez integrados vertemos sobre las copas con a ayuda de una cuchara de postre larga (presionando un poco para que no queden huecos ni burbujas). Y de nuevo a la nevera (yo las dejé toda la noche)

Tamaño grande de copa de cava.

Tamaño más pequeño.

  Adornamos con frambuesas frescas, chocolate blanco rallado y si queréis algo dorado.

Quedan realmente bonitas y festivas.

Una manera diferente de presentar un postre navideño.

Y de servir champagne o cava, con cuchara.

Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo a tod@s.

Un brindis por otro año más endulzando vuestra vida y la de mi familia y amigos.

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Panna Cotta tradicional con coulis de frambuesa

  Sí, ya sé que hace mucho tiempo que no me pasaba por aquí. Pero tengo excusa. No es que haya perdido el interés por hacer recetas dulces ni por compartirlas con vosotros. Los que me seguís por Instagram sabéis que estoy de obras en casa. Todo sea por mi cocina nueva. Menos la habitación de mi hija mayor, el resto de la casa la reformamos toda. Mi cocina va a ser el doble de grande, que aunque no lo creáis hago todas mis creaciones en una cocina muy pequeña. Una reforma integral pero sin los gemelos de los programas de Divinity que en 5 semanas te hacen la reforma jejeje. Como veis no estoy para hacer macarons ni pintar galletas, aunque me muero por volver a coger los pinceles !!!!!

  Esta receta la hice hace semanas pero no había tenido tiempo, ni ganas, sinceramente, de sentarme al ordenador. No me gustan las obras, ni a mí ni a nadie, supongo. Pero estoy deseando ver el resultado final. Así me consuelo entre el caos que va a reinar en mi casa durante unos meses. Si no me prodigo mucho por el blog ya sabéis el por qué.

  Bueno, pues a lo que vamos. La receta de hoy llevaba tiempo queriéndola hacer. He probado muchas Panna Cotta comerciales y “caseras” en restaurantes italianos pero la verdad que todas me sabían a poco, algo tipo flan gelatinoso pero insulso al paladar si no se le añade extras de caramelo, mermeladas, coulis o salsas de frutas, … Y yo había oído que era un postre italiano de lo más sabroso y delicioso. Así que me puse a investigar.

  Literalmente Panna Cotta significa “nata cocida”, en eso coinciden todas las recetas,  su ingrediente principal es la nata, un poco de azúcar, algún aroma tipo vainilla o cítricos y básicamente la mayoría de las recetas aportan consistencia cociendo la nata y añadiendo gelatina. Es un postre italiano de la región de Piamonte de origen incierto. Como en muchas regiones del mundo era una manera de aprovechar el excedente de nata. Se dice que se cuajaba con un poco de clara de huevo o cola de pescado (la primera gelatina conocida).

  Alessandro Molinari Pradelli, escritor y periodista especializado en cultura, enología y gastronomía, asegura en su obra “800 Ribete Tradicional” que los nativos de la región conocida como ‘El corazón verde de Italia’, es decir, Umbría, fueron los creadores de esta genuina receta en un recóndito lugar cercano a las orillas del lago Trasmino.

  Bueno, para el caso, yo he adaptado la receta de las hermanas Simili. Como dice El Comidista: Margherita y Valeria Simili, más conocidas como las hermanas Simili o sorelle Simili en italiano, son gemelas, panaderas y unas adorables ancianas que se han convertido en un verdadero fenómeno mediático en su país. Descendientes de una larga estirpe de panaderos y creadores de masas, su familia tenía una panadería y una tienda de pasta fresca. Dirigieron una de las escuelas de cocina más respetadas de Bolonia, y en los últimos años –gracias a esa mezcla de socarronería, coquetería y humor que caracteriza a las abuelas molonas– se han convertido en personajes mediáticos y muy queridos. Sus dos libros, editados en España por la editorial Libros con Miga con los títulos Pan y dulces italianos y Pasta fresca italiana. Ya sabéis, otro libro para mi colección.

  Es una receta perfecta para dejar preparada de un día para otro. Se pueden utilizar claras frescas o pasteurizadas. Azúcar avainillado o vaina de vainilla, yo esta vez quería un aroma sutil y que no se vieran las motas de vainilla. Pero eso según más os guste. Si queréis innovar podéis poner a enfriar volteando un poco los vasitos, le da un toque de originalidad. Yo como veis los he llenado bastante. Esta receta admite caramelo, mermeladas, purés de frutos rojos o coulis.

  Por cierto el blog ya ha tenido más de medio millón de visitas!!!!!! Yupiiiiiiiiiieeeeeee!!!!!! Gracias a todos los que lo hacéis posible. Un abrazo y un beso fuerte y a por la receta.

Pana Cotta tradicional con Coulis de frambuesa

INGREDIENTES (para 4 ó 5 raciones):

Panna Cotta

– 500 ml de nata para montar 35,1 % de materia grasa

– 80 g de azúcar

– 10 g de azúcar avainillado

– 1 pizca de sal

– 5 claras (frescas o pasteurizadas)

Coulis de frambuesas

– Pincha aquí para hacerlo casero.

– Frambuesas para adornar y unas hojas de menta o de fresas

     

  El procedimiento es muy sencillo, calentar la nata con el azúcar, la pizca de sal y el azúcar avainillado hasta que se disuelvan por completo. Retirar de la fuente de calor justo cuando comience a hervir y dejar enfriar. En un bol batir ligeramente las claras para quitarles tensión, no hace falta que espumen en verdad y previo paso por el colador mezclar ambas preparaciones y verter sobre moldes tipo flanera o ramequines, yo utilizo vasos bajos de helado.

     

  Calentar el horno a 130ºC y preparar una fuente con agua caliente para el baño María, que cubra 3/4 partes de los vasitos. Hornear durante 1 hora hasta que cuajen, el centro quizá quede un poco blandito o tembloroso como una cheesecake, no importa. Apagad el horno y dejar el horno entreabierto. Sacad la fuente con el baño y los vasitos y dejar que se enfríe por completo. Una vez fríos los vasitos refrigerar en nevera toda una noche. A la hora de servirla sacad un poquito antes de la nevera. Simplemente deliciosa y con muy pocos ingredientes.

Utilicé las hojitas de una fresa para adornar el conjunto.

Como colofón a una comida, o mejor aún, para una merienda deliciosa.

  En el próximo post os contaré mis aventuras por Londres, temblad Bakeries y Food Halls voy para allá. Hace 13 años que no he vuelto y ahora tengo un aliciente repostero añadido.

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Marquesas

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  ¡¡¡¡Feliz Año Nuevo 2.017!!!! Espero que este año venga cargado de esperanza, optimismo, salud, trabajo, amor y que sea aún mejor que el 2.016 que dejamos atrás. Bueno pues aquí estamos en plenas fiestas navideñas. Espero que estéis disfrutando en familia, con vuestros seres queridos, amigos y de la mejor manera posible. Los que me seguís por las redes sociales sabéis que debido a un esguince en la muñeca no voy a poder amasar ni Panettone, ni Roscón de Reyes ni galletas decoradas este año. Y bien que me pesa, pero la verdad que no podía resistirme a hacer algo que mi Kitchen Aid pudiera hacer sola. Ella hace la mezcla y yo sólo coloco la masa en las cápsulas.

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  Las marquesas son un postre típico de Navidad, hecho con almendra molida. Son bizcochitos finos y esponjosos. Es un dulce hecho desde su origen a base de pasta de mazapán, almendra molida, azúcar, huevo y ralladura de limón. Fue creada por el confitero Hipólito Juanes De la Cruz en el año 1.924, y comercializado por su confitería en el municipio de Sonseca, en Toledo. La producción nacional de mazapán, de entre tres y cinco millones de kilos cada año, se concentra principalmente en Toledo, aunque también se fabrica en puntos de Alicante y Ciudad Real. Aunque su origen es incierto se le suele atribuir a los árabes.

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  Bueno, pues para despedir el año las he vuelto a hacer, a mi suegra le han gustado tanto que las he horneado ya tres veces. A mí me gusta más comerlas acompañadas de un buen chocolate a la taza, como el nuevo ValorCao de Chocolates Valor con sabor más intenso. La combinación de chocolate y almendra me encanta, para merendar son una auténtica delicia. Vamos con la receta, es una receta tan tradicional que la he encontrado en varios libros y webs prácticamente iguales. La única variación es montar el azúcar con los huevos a punto de cinta e incluso separar yemas de claras y montar estas a punto de nieve y las yemas con el azúcar a punto de cinta. Sinceramente las he hecho de tres formas diferentes y no he encontrado mucha variación en la textura. De hecho la primera vez que las hice sin batir en exceso los huevos también quedaron muy esponjosas. El azúcar que he utilizado es todo molido, para mí queda más fina la marquesa. Ingredientes a temperatura ambiente.

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Marquesas

INGREDIENTES (12 marquesas):

– 240 g de azúcar glas (separar en 2 mitades la cantidad 120+120 g)

– 250 g de almendra molida

– Ralladura de un limón

– 40 g de harina de todo uso

– 40 g de maicena

– 1 cucharadita o TSP de levadura química o polvo de hornear

– Una pizca de sal

– 4 huevos M

– Azúcar glas para espolvorear

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  Precalentar el horno a 180ºC y preparar unas cápsulas de papel preferiblemente cuadradas.  En un bol mediano mezclar juntos la almendra molida, la mitad del azúcar, la ralladura de limón, las harinas, el polvo de hornear y la sal. Reservar. En un bol grande con la ayuda de unas varillas manuales o eléctricas o robot de cocina, batir los huevos hasta que espumen. Añadir la otra mitad de azúcar glas y seguir batiendo hasta que crezcan un poco. Después añadir la mezcla de ingredientes secos que habíamos reservado. Integrar poco a poco, en 2 ó 3 tandas, con la ayuda de una espátula o batidor a velocidad lenta. Lo suficiente para integrar los ingredientes sin sobrebatir. La mezcla queda un poco espesa no os asustéis. Repartirla entre las cápsulas con la ayuda de una cuchara de helado o 2 cucharas soperas sin llegar al borde de las cápsulas. Hornear a media altura unos 15-20 minutos más o menos o hasta que al introducir un patio este salga limpio. He visto muchas recetas en las que indica unos 12 minutos pero en ese tiempo, de las 6 hornadas que he hecho ninguna estaba bien esponjosa en tan poco tiempo. La superficie se dorará ligeramente por los bordes.

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  Una vez fuera del horno espolvorear con un poco de azúcar glas hasta cubrir la superficie. Y a disfrutar de su sabor 100% navideño.

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  Aunque parecen magdalenas no los son por lo que no esperéis que le salga el típico copete, eso sí, en su interior encontraréis una delicia fina y esponjosa al paladar con ese sabor tan característico a almendra.

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Pumpkin Whoopie Pies

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  Sí, ya sé que suena muy raro para ser un pastelito, pero los Whoopie Pies son otro de esos típicos dulces americanos y todavía no había horneado ninguno. Así que ya que estos días tenía por casa puré de calabaza asada de sobra aproveché para hacer una tanda para merendar el domingo. Y tanto me han gustado que como veis ya los he subido al blog. Hace tiempo me compré un molde para Whoopies, pero ya os digo yo que no hacen falta, es más, con el molde queda una rebaba rara que no me gusta pero como no quiero tener moldes por estrenar allá que me fui a hacerlo. ¡Qué delicia! Está jugoso, cremoso, delicioso, hasta me gusta recién sacado de la nevera, como un sandwich frío. Y el relleno de queso crema le va que ni pintado.

  Y ahora diréis … Nos va a contar la historia de estos pequeños y deliciosos pastelitos. Si es que me conocéis muy bien jejeje. Los Whoopies Pies son muy populares en la costa Este Norteamericana, sobre todo en Pennsylvania, donde se han convertido en una tradición de los Amish, y en Maine, ya que ambos se disputan su origen. El más típico es el de chocolate pero los de calabaza también se han hecho muy populares. Un sandwich hecho con dos galletas abizcochadas y una generosa cantidad de crema en su interior. La cocina amish se trata de viejas recetas que han alimentado a las familias durante generaciones, sin fusiones ni mezclas de moda ni entre culturas. Estos pasteles  whoopie fueron considerados un regalo especial porque fueron hechos originalmente de masa sobrante de los bizcochos. Según la leyenda de los Amish, cuando los niños o maridos encontraban estos bocaditos en sus fiambreras de comida, gritaban “Whoopi!“. Los amish también les llaman hucklebucks. El relleno suele ser generalmente de dos tipos, con un glaseado espeso hecho con dulce de manteca vegetal Crisco y azúcar glas o con marshmallow FLUFF, esa crema pecaminosa de nubes.

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  La entrada de hoy es tan rápida que casi no me dejan ni fotografiar este postre. Los han devorado sin piedad. ¡¡¡¡¡Mami date prisa que tenemos hambre!!!!!-dijeron las fieras. Jejeje son insaciables, pero es la única manera de que mi pequeña coma calabaza, en crema o en postre. Me vais a perdonar que hoy no ponga el paso a paso pero es que es muy sencillo. La receta es del libro de Hummingbird Baker Cake Days-Recipes to make every day special, de Tarek Maalouf and The Hummingbird Bakers. Es un libro de lo más completo con cakes, cupcakes, loafs, whoopies, bars, pies, muffins, cookies, … Como veis no tiene desperdicio. Ya he hecho varias y quedan genial. Se trata de una cadena de pastelerías londinense pero con productos típicamente americanos. La primera de estas Bakerys nació en 2.004 en el barrio de Nothing Hill. Luego abrieron unas cuantas más por la ciudad y hasta tienen una en Dubai. Los libros no tienen desperdicios, tengo varios y son recetas deliciosas de las que nunca fallan.

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  He modificado el relleno porque lleva crema de marshmallows (nubes de chuche) y yo no se la he puesto. Me parecía que iba a quedar demasiado dulce. Creo que con el resto de ingredientes queda genial, como el frosting de la Carrot Cake. Así que doblé cantidades y obvié la crema de nubes. Recordad que si no digo lo contrario, ingredientes a temperatura ambiente. Aunque veáis en la foto que he utilizado el molde de Whoopies no es necesario. Con la ayuda de dos cucharas soperas se coloca la masa formando un círculo de unos 5 cm de diámetro y dejando una separación de al menos 2-3 cm entre ellos porque crecen en el horno. Vamos con la receta.

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Pumpkin Whoopie Pies

INGREDIENTES (para unos 8-10 whoopies):

Whoopies

– 120 ml de aceite de oliva suave

– 200 g de azúcar moreno claro (light brown sugar)

– 1/2 TSP o cucharadita de extracto de vainilla

– 1 huevo tamaño L

– 115 g de puré de calabaza (asada o hervida)

– 250 g de harina de todo uso

– 1/2 TSP o cucharadita de polvo de hornear

– 1/2 TSP o cucharadita de bicarbonato sódico

– 1/2 TSP o cucharadita de sal

– 1 TSP o cucharadita de canela molida

– 1 TSP o cucharadita de jengibre

Crema de queso

– 190 g de mantequilla sin sal

– 300 g de azúcar glas (mejor icing sugar)

– 160 g de queso crema no light (tipo Philadelphia)

– 1 TSP o cucharadita de extracto de vainilla

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  Preparamos un molde o un par de papeles de horno encerado sobre dos bandejas. Precalentar el horno a 170ºC con calor arriba y abajo. En un bol tamizar juntos la harina, las especias, el bicarbonato y la levadura, reservar. En otro bol a mano, con varillas eléctricas o en un robot de cocina tipo K.A. batir el aceite con el azúcar y la vainilla hasta que palidezca un poco el color. Verter el huevo y el puré de calabaza y mezclar hasta obtener una masa homogénea. Añadir la mezcla de ingredientes secos a velocidad baja solo hasta que se integre. Con la ayuda de dos cucharas soperas o una de helado verter masa sobre los papeles de horno en las bandejas formando círculos (de unos 5 cm de diámetro) y separando 2-3 cm entre ellos. Hornear a media altura de 10 a 13 minutos o hasta que al pinchar con un palito este salga limpio o se torne la superficie dorada. Sacar del horno y dejar enfriar por completo. Mientras se hornea aprovechar para hacer el frosting: en un bol de un robot de cocina batir la mantequilla con el azúcar con el accesorio pala hasta que quede una mezcla suave. Después añadir el queso crema ligeramente batido con la ayuda de un cucharón o cuchara de madera y la vainilla. Batir a velocidad alta por un minuto. Reservar en la nevera mientras se enfrían las galletas del whoopie.

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  Una vez frías las galletas rellenar con la crema y a disfrutar!!!!!!!!

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Con forma de galleta pero textura de bizcocho.

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Solo o acompañado de un gran vaso de leche, un café o un Chai tea latte, deliciosos.
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La jugosidad del bizcocho y la untuosidad de la crema lo hacen irresistible.

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Un postre muy cómodo de comer, a bocados, con las manos y sin ensuciar nada.

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El bocado no te dejará indiferente, es así de jugoso y tierno. No dejamos ni las migas.

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