Huevos de Pascua con sorpresa

  Llevaba mucho tiempo queriendo hacer este postre desde que se lo vi hacer a Amaury Guichon en IG. Veía el vídeo y me quedaba embobada. Claro que a mí no me sale con tanta soltura y gracia pero creo que sinceramente, ha quedado bastante bien. Es un huevo de Pascua con sorpresa, un trampantojo.

  Algo parecido he querido hacer también en honor a Mey Hofmann, la chef con 1 estrella Michelín creadora de la Escuela, restaurante, taberna y pastelería Hofmann. Desde que lo vi en la Pastisseria Hofmann del barrio del Born en Barcelona pensé en hacerlo. Si vais a Barcelona os la recomiendo encarecidamente, es un lujo de sitio de productos y de puesta en escena de sus postres.

Bueno pues la creación que hoy os traigo es un homenaje a esas Monas de Pascua tan típicas de Cataluña que son verdaderas esculturas y obras de arte de chocolate.

 

  La cáscara del huevo está hecha con chocolate blanco atemperado vertido sobre las cavidades de un molde de silicona con forma de medio huevo de Silikomart. Con la ayuda de un poco de alcohol alimentario, un poco de tinte alimentario negro y un cepillo de dientes cree el efecto de las motas de la superficie del huevo. Primero lo hice en el molde antes de verter el chocolate pero puse pocas y luego una vez formado el huevo le añadí más. 

  El interior del huevo que imita la clara es un cremoso de vainilla y la yema tiene dos partes, una esfera exterior con puré de mango gelatinizado y el interior con trozos de pulpa de mango también gelatinizada. Para hacer la yema usé el molde de cakepops de Kitchen Craft que ya utilicé para hacer las Bolas de Dragón de la Tarta de Son Goku.

  La receta original del interior del huevo la podéis encontrar aquí.

 

  La receta original utiliza pulpa de mango y añade azúcar, yo he utilizado mango en almíbar así que no he añadido azúcar extra. Al triturarlo y verterlo veréis que queda alguna hebra, es normal, el mango tiene hebras. En el caso de la compota de mango del interior de la esfera sólo añadí un poco de glucosa, obvié de nuevo el azúcar. La receta original utiliza pectina pero es difícil de conseguir y cara, se puede hacer casera pero es laborioso. Opté por utilizar agar-agar que también gelatiniza, es barato, viene en prácticos sobres y se puede encontrar la marca Vahiné en supermercados. Según la receta el cremoso de vainilla hay que dejarlo enfriar en la nevera durante 5h. Pero si queréis que la superficie quede más lisa al rellenar las mitades de huevo de chocolate yo sólo esperaría a que se enfriara a temperatura ambiente y lo colocaría directamente en las mitades de huevo. Después añadís las semiesferas y a la nevera. A continuación os dejo el paso a paso. Si queréis ver el vídeo del corte del huevo pasaros por mi cuenta de Instagram, está en destacados.

Huevos de Pascua con sorpresa

INGREDIENTES:

Cáscara de huevo

– 400 g de chocolate blanco cobertura

– 1/2 cucharadita o TSP de alcohol alimentario

– Una pizca de colorante negro en pasta o gel

Semi-esfera de mango

– 100 g de puré de mango en almíbar

– 1 ó 2 cucharaditas o TSP del almíbar del mango

– 2 g de Agar-agar (1 sobre de Vahiné)

Interior de las esferas

– 100 g de mango en almíbar cortado en trozos pequeños

– 10 g de glucosa (en su defecto sirope de maíz, Kyro)

– 1 ó 2 cucharaditas o TSP del almíbar del mango

– 2 g de Agar-agar (1 sobre de Vahiné)

Cremoso de vainilla

– 170 g de chocolate blanco derretido (usaremos el que sobró de las cáscaras)

– 10 g de glucosa

– 115 g de leche entera

– 2 hojas de gelatina hidratadas en agua fría

– 20 g de agua

– 200 g de nata líquida 35,1% de materia grasa

Nidos de Buttercream de chocolate intenso

– 55 g de mantequilla sin sal

– 210 g de icing sugar

– 40 g de cacao puro en polvo sin azúcar de Valor

–  50 ml de leche semidesnatada

  Derretir el chocolate y atemperar. Después verter sobre el molde de silicona totalmente limpio y seco. Es necesario llenar del todo las cavidades para repartir de manera homogénea, luego vaciar una parte sobre un bol grande para rescatar el sobrante. Después colocar boca abajo para que el chocolate se reparta bien por los bordes sin que se acumule en el centro. Dejar unos minutos y refrigerar al menos 30 minutos. Repetir de nuevo la operación para que no quede una capa demasiado fina y frágil.

  Mientras se refrigera la segunda capa preparamos las esferas de mango. Trituramos la pulpa del mango en almíbar escurrido y calentamos en un cazo hasta que alcance los 40ºC. Calentamos la TSP de almíbar y disolvemos en ella 1 sobre de 2 g de agar-agar y lo añadimos al puré de mango a 40ºC. Dejamos que la mezcla hierva durante 30 segundos y luego vertemos en moldes esféricos. Reservamos en la nevera y preparamos la compota del interior de las semiesferas. Cortamos el mango en almíbar escurrido, en trocitos pequeños. Disolvemos el agar-agar en la TSP de almíbar un poco caliente y mezclamos, lo añadimos a la macedonia de mango y calentamos un poco en un cazo. A continuación añadimos la glucosa y mezclamos. Con esta mezcla rellenamos las semi-esferas y refrigeramos.

  Mientras se gelatinizan las semiesferas preparamos el cremoso de vainilla.  Hervir la leche e infusiones con vainilla. Agregar las hojas de gelatina hidratadas y escurridas y la glucosa. Añadir al chocolate derretido. Incorporar la nata líquida y triturar. Cuando se enfríe verter sobre las cáscaras de huevo de chocolate, añadir las semi-esferas de mango. La preparación debe llegar al borde de las cáscaras de huevo, sin rebosar para poder luego cerrarlo y sin aquedaros cortos para que quede bonito al corte. Luego refrigerar (yo los dejé toda una noche en la nevera). Después pegad los bordes de los huevos con la ayuda de un poco de chocolate blanco derretido y afinad los bordes. Colocad sobre nidos de chocolate, podéis utilizar la boquilla césped para imitarlos, el buttercream queda espeso para que no pierda la forma.

  Para ver cómo se preparan los nidos de los huevos clica aquí.

  Si queréis con la mousse y las semi-esferas que os sobran podéis rellenar unas hueveras y hacer unos divertidos “huevos pasados por agua”.

 

Como veis me quedé un poco corta con el moteado así que luego le añadí más motitas.

El tamaño de los huevos es el de los de oca, y la “yema” vendría a ser de tamaño natural

Otra opción es hacer “huevos pasados por agua”.

Quedan de lo más vistosos.

Y apetecibles. Mmmmmmmm. ¿Os animáis a prepararlos?

 

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Spéculoos Angel Food Cake

  Hoy os traigo otro Angel Food Cake. Esta vez con sabor a esas galletas navideñas belgas que tanto me gustan, las Spéculoos. El nombre es de lo más acertado pues un bocado de este bizcocho de claras tan esponjoso es como darle un bocado a una nube de azúcar. Ya sabéis que el primero que preparé fue el Chocolate Angel Food Cake. Pero este, sin duda, es de los favoritos en casa.

  Es un clásico de la repostería americana. Un pastel alto y vistoso, preparado tan solo con claras de huevo, azúcar y harina. Como resultado se obtiene un pastel, ligero y esponjoso. No lleva grasa y por tanto es un pastel bastante poco calórico, comparado con otro tipo de pasteles, no más de unas 110 kcal por ración. Eso sí, las calorías las aporta básicamente el azúcar, unos 27 gramos de azúcar por ración.

   Es un tipo de Foam Cake como el Chiffon Cake pero a diferencia de este, el Angel Food Cake es un bizcocho de claras sin grasa. Si queréis saber con detalle la historia del pastel y del molde no dudéis en pasaros por mi anterior post. Además os doy todas las claves para que os salga de 10!!!!

  El Angel Food Cake es un bizcocho esponjoso y muy muy aireado. Lo podríamos traducir como Bizcocho de Ángel. El secreto es formar un buen merengue francés. Un bizcocho de claras, sin levadura, sin materia grasa y el resultado es como nube de azúcar. Riquísimo. Eso sí, si le tengo que poner una pega es el desmoldado. Se ha de utilizar un molde hondo especial con chimenea, patitas y de aluminio y bajo ningún concepto se untan las paredes del molde con mantequilla o aceite, va “desnudo”. La masa sube agarrándose a las paredes del molde, de ahí que no se engrase. Una vez horneado se le da la vuelta al molde y se deja así durante 1h, de lo contrario el bizcocho baja. Pasado ese tiempo, para desmoldarlo, se separa el bizcocho de las paredes con la ayuda de una espátula haciendo un movimiento circular para despegarlo. Después se utiliza la misma técnica para retirar la chimenea. El desmoldado no es el más perfecto pero el resultado del bizcocho es increíble.

  Para hacer esta receta es imprescindible conseguir la crema de galletas, yo he comprado la de la marca Lotus. Si no podéis conseguirla también os dejo la opción de hacerla casera. Solo clica aquí. Está tan deliciosa que no pararás de hacerla. Sirve como relleno de unos macarons o para preparar un batido o unas cupcakes. O simplemente untarla en una tostada.

 Con lo que me gusta este sabor no dudé ni un momento en hacerlo cuando lo vi en el IG de las chicas de I Love Bundt Cakes. Esta vez he vuelto  utilizar una receta tuneada de Bea Roque, su Strawberry Angel Food Cake, de su primer libro Apasiónate por la Repostería, El Rincón de Bea.

 

 

Spéculoos Angel Food Cake

INGREDIENTES:

Angel Food Cake

– 9 claras de huevo de tamaño XL (250 ml)

– 1 TSP o cucharadita de cremor tártaro (en su defecto un poco de zumo de limón)

– 100 g de harina fina de maíz tamizada (Maizena)

– 300 g de azúcar extrafino (Caster sugar)

– 2 ó 3 TSP o cucharaditas de pasta de Spéculoos

– 50 g de galletas troceadas

Glaseado

– Unas cucharadas o TBSP de pasta de spéculoos

– Un poco de leche o nata para aclarar la pasta

 

  Precalentar el horno a 190ºC. Tener preparado el molde, no hace falta engrasarlo esta vez. Tal y como habéis leído en la publicación anterior batir las claras a punto de nieve junto con el cremor tártaro, hasta que cuadrupliquen su volumen, primero a menos velocidad y gradualmente ir a más.  Una vez formada la nieve y habiéndose formado picos suaves y blandos añadir poco a poco el azúcar en varias tandas, gradualmente y al ras, sin dejar de batir pero a velocidad mínima. Seguir batiendo a velocidad media hasta que se forme un merengue con picos suaves de manera que si dais la vuelta al batidor se formen unos picos firmes pero no duros en las varillas. Añadir las 2 TBSP de pasta de galletas Spéculoos e integrar. A continuación añadir la harina tamizada junto a los trozos de galletas, en 2 veces, sí dos, cuanto más aireada caiga menos apelmaza las claras. Lo haremos en 2 ó 3 veces. Y mezclaremos a mano con la ayuda de una espátula y con movimientos envolventes, no más de 10 veces, para que la mezcla no baje y colapse. Verter inmediatamente en el molde.

  Hornear durante 45 minutos, los últimos 5 minutos a 170º C con aire. No abrir el horno en todo el tiempo de horneado. Una vez testado el interior con un palito sacamos del horno e inmediatamente lo volteamos y dejamos que se enfríe en la encimera sobre sus patitas como mínimo 1h. No hay que preocuparse, no se despegará y caerá. Pasado este tiempo dar la vuelta al molde, meter en el borde una espátula o cuchillo estrecho y de manera firme y rápida despegar el cake del molde. Desmoldar y a disfrutar. Es el bizcocho más esponjoso del mundo mundial.

  Dar un calentón fugaz a unas TBSP de la pasta en el microondas y añadir un poco de nata líquida hasta obtener la textura deseada. Verter sobre el Cake y espolvorear trocitos de galleta y a disfrutar!!!!!!!

Está tan rico que ya es un clásico en casa.

Como veis al corte queda de lo más esponjoso.

No diréis que no estoy amortizando el molde ¿eh?

  Y el próximo … de fresa

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Angel Food Cake

  Hola !!!!! Ya estoy aquí de nuevo. Hace mucho tiempo desde la última publicación, demasiado. Los que me seguís en Instagram o Facebook sabéis que estos meses no he dejado de hacer postres. Es sólo que cada vez me cuesta más sentarme a elegir una receta, adaptarla, probarla, hacer el reportaje, editar las fotos, elegirlas, crear el texto, … Ya sabéis, sobre todo los que tenéis blog, que es mucho tiempo y estos meses no he tenido muchas ganas tampoco. Pero como me dice mi amiga Amparo ¿no has publicado nada desde noviembre? Y me he dado cuenta de lo abandonado que lo he tenido a mi querido blog. Además es mi recetario, si no anoto las recetas luego no sé cuál he adaptado, qué proporciones he utilizado, qué ingredientes, molde, … Ando escudriñando las fotos a ver si me da alguna pista y es un auténtico lío.

Así que hoy por ser mi Santo me he decidido a retomar otro de mis trabajos, el blog. Tengo la friolera de 16 postres pendientes así que ya veis que parar de hornear precisamente no he parado. Con paciencia, tiempo y sin prisa os enseñaré lo que he estado preparando estos meses.

En este tiempo me he dado cuenta de que el blog ha recibido más de 1.000.000 de visitas !!!!!!!!! Increíble !!!!!!!!!

  Bueno pues sin más dilación vamos con la receta de hoy, Angel Food Cake. El nombre es de lo más acertado pues un bocado de este bizcocho de claras tan esponjoso es como darle un bocado a una nube de azúcar. Ya sabéis que el primero que preparé fue el Chocolate Angel Food Cake. Pero este, sin duda, es el favorito en casa. Y merece una de mis famosas investigaciones sobre la historia de este postre.

 Es un clásico de la repostería americana. Un pastel alto y vistoso, preparado tan solo con claras de huevo, azúcar y harina. Como resultado se obtiene un pastel, ligero y esponjoso. No lleva grasa y por tanto es un pastel bastante poco calórico, comparado con otro tipo de pasteles, no más de unas 110 kcal por ración. Eso sí, las calorías las aporta básicamente el azúcar, unos 27 gramos de azúcar por ración.

  El Angel Food Cake es un bizcocho de claras sin grasa, se diferencia de otros bizcochos americanos similares por no tener mantequilla en su composición, como el Silver Cake, Lady Cake, Snow-drift Cake, o Cornstarch Cake.

  El horneado de este curioso bizcocho se remonta a principios del siglo XIX. En aquella época no existían los batidores rotatorios manuales ni evidentemente eléctricos. Se dice que su origen es americano, de los estados sureños (en concreto de la ciudad de St. Louis). Incluso se dice que debido a la fuerza que había que hacer batiendo durante tanto tiempo fueron los esclavos afroamericanos los que los preparaban. De hecho son bizcochos típicos en los festines afroamericanos tras los funerales. Se hizo muy popular tras inventarse el batidor de manivela que facilitaba su preparación, y también tras comercializar el molde especial Angel Food. El molde fue patentado en Estados Unidos el 11 de febrero de 1.902 (solicitud presentada el 19 de marzo de 1.901). Los moldes con centros cónicos estaban disponibles mucho antes de esta fecha (ya se nombra en el libro American Pastry Cook de Jessup Whitehead en 1.894 y las imágenes de este tipo de moldes para la venta en anuncios). Fue por fin, en 1.902 que se obtuvo la patente # 692,919 de la Oficina de Patentes de los Estados Unidos.

  En 1.856 el americano Ralph Coulier patentó el primer mecanismo batidor con partes rotatorias, y en los años siguientes se sucedieron las imitaciones. Otro batidor de huevos giratorio hecho a mano fue patentado por J.F. y E.P. Monroe en 1.859 en los Estados Unidos. Su patente de batidor de huevos fue una de las primeras que compró Dover Stamping Company, cuyos batidores de huevos de Dover se convirtieron en una marca estadounidense clásica.

  Consiguió mejorarlo Willis Johnson, en 1.884. Estaba pensado para batir y mezclar huevos y otras masas mediante la acción de una manivela manual que movía dos varillas metálicas en direcciones opuestas. Esto facilitó mucho el trabajo.

  En 1.871 en un libro de cocina sureña, ya se habla de un pastel similar pero con mantequilla en su masa. La primera receta para Angel Food Cake se publicó en la 2ª edición (no en la 1ª ed.) del Isabella Stewart’s The Home Messenger Book of Tested Recipes, Detroit, 1.878.  Fue el primero en publicar la receta más cercana a los actuales Angel Food Cakes, sin mantequilla ni grasa en su elaboración y sólo claras. Lo llama “Angel’s Food

Los Angel Food Cakes pertenecen a la familia de los Foam Cakes junto con los Chifon Cakes, a diferencia de esos solo llevan claras en su preparación.

  El Angel Food Cake es un bizcocho esponjoso y muy muy aireado. Lo podríamos traducir como Bizcocho de Ángel. El secreto es formar un buen merengue francés. Un bizcocho de claras, sin levadura, sin materia grasa y el resultado es como nube de azúcar. Riquísimo. Eso sí, si le tengo que poner una pega es el desmoldado. Se ha de utilizar un molde hondo especial con chimenea, patitas y de aluminio y bajo ningún concepto se untan las paredes del molde con mantequilla o aceite, va “desnudo”. La masa sube agarrándose a las paredes del molde, de ahí que no se engrase. Una vez horneado se le da la vuelta al molde y se deja así durante 1h, de lo contrario el bizcocho baja. Pasado ese tiempo, para desmoldarlo, se separa el bizcocho de las paredes con la ayuda de una espátula haciendo un movimiento circular para despegarlo. Después se utiliza la misma técnica para retirar la chimenea. El desmoldado no es el más perfecto pero el resultado del bizcocho es increíble.

  Con la invención de las varillas con manivela y luego del batidor eléctrico su preparación fue coser y cantar. Además desde que tenemos claras pasteurizadas no es necesario desechar ni una yema. Cuando se bate, la clara incorpora tanto aire que puede aumentar hasta 8 veces su volumen. La particular combinación de las distintas proteínas (ovoalbúmina, ovomucina, lisozima, globulinas, ….) que la constituyen hace este pequeño milagro. Habitual e históricamente se añade una pizca de sal a las claras antes del montado pero según Dario Bressanini y su libro La ciencia de la pastelería es un error muy común. De hecho se obtiene el efecto contrario. Lo más adecuado es añadir un ácido, por ejemplo unas gotas de zumo de limón (ácido cítrico) o cremor tártaro.

 

Ahora os daré una serie de consejos y trucos muy útiles para preparar los Angel Food Cake:

– Utilizar las claras de huevo a temperatura ambiente o ligeramente templadas, a 40º C máximo (no es estrictamente necesario calentarlas). Si usáis claras no pasteurizadas es más fácil separarlas de la yema con el huevo frío. No debe quedar ni rastro de yema, cualquier traza de grasa como de yema impregnada en el bol o el batidor reducirá el volumen de la espuma. Una sola gota de yema puede reducir en ⅔ el volumen final de la nieve.

– El cremor tártaro mejora la calidad del Angel Food Cake pues estabiliza las claras aumentando su volumen, da blancura y mejora la miga.

– Lo mejor es utilizar un bol de acero inoxidable o cristal bien limpio y libre de grasa. Se le puede pasar un poco de papel de cocina impregnado en zumo de limón para asegurarse.  Es preferible evitar el plástico pues a veces, incluso lavándolos a fondo retienen grasa (su estructura es afín a las grasas). Mejor evitar también el hierro y el aluminio pues tiñe la nieve de las claras, de rosa y gris respectivamente. Antiguamente se recomendaba utilizar materiales de estaño pues forma un complejo estable con una de las proteínas de la clara y aunque tarda un poco más en montar la nieve el resultado es más estable. Eso sí, teñía ligeramente de amarillo/dorado la nieve.

– Empezar a batir las claras lentamente para conseguir un merengue más estable. Luego a velocidad media y finalmente a alta velocidad. No añadir sal en este punto, mejor añadírsela a la harina. Si se bate poco no habrá suficiente aire en la preparación y si se sobrebate las claras quedarán secas y se desinflarán. Esta parte es muy importante.

– No poner todavía el azúcar, hasta que no hayamos conseguido un poco de volumen , al menos cuadruplicar su volumen. Si no el volumen final será menor.

– El azúcar se añade poco a poco para evitar que baje en exceso nieve de las claras. Si es del tipo Caster sugar mejor (extrafino). Tiene un papel doble, forma la estructura junto con las claras e impide la formación de gluten (en ausencia de grasas). En este paso se podría añadir una pizca de sal ya que a diferencia de los macarons aquí no hay secado, se hornea rápidamente una vez formada la mezcla.

– Cuanto más cantidad azúcar se añada veréis que queda más denso y estable el merengue (hay que añadir más o menos la misma cantidad que de claras). El azúcar debe disolverse completamente.

– La espuma resultante debe quedar muy firme. Al volcar el cuenco la espuma no debe caer. Al retirar el accesorio batidor el merengue debe quedar “quieto” y formar puntas en las varillas que mantengan su forma.

– Es muy importante tamizar tanto el azúcar como la harina en dos ocasiones. Cuanto mas aireado lo que añadamos más aligerada quedará la mezcla. He probado a sustituir una parte de la harina por harina bizcochona, de la que lleva levadura incorporada pero sólo ¼ parte del total (25 g). La miga queda más fina pero ojo sólo añadir un pequeño porcentaje pues si no os crecer á una especie de hongo.

– Ya os he explicado que este tipo de cake necesita un molde especial, de chimenea, mejor si es desmontable y de aluminio. En este caso el molde no precisa engrasado. Sí, habéis leído bien, queremos que la mezcla se adhiera a las paredes y no se resbale hacia abajo. No queremos que colapse durante la cocción. Por lo tanto es imprescindible que no se engrase. Si no es desmontable podéis poner papel de horno en el fondo (con un agujero) para no destrozarlo al sacarlo del molde.

– La incorporación de la harina se hará bien aireada y en varios tiempos (repartir en 4 adiciones) para evitar que nuestra masa baje en exceso. A continuación, con la ayuda de una espátula de goma, incorporar la harina a la mezcla con la técnica de doblar la mezcla y roturan cuarto de giro el bol, al mismo tiempo “se dobla” la mezcla levantándola desde abajo y dándole la vuelta. Viene a ser unas 12 veces, no más para no colapsar la mezcla. Una vez preparada la mezcla hornear rápidamente, para no dejar escapar el aire atrapado.

– Meter en el horno a 190ºC a media altura unos 40 minutos sin abrir la puerta hasta el final del horneado. Durante la cocción el calor expande las burbujas de aire atrapadas. El agua presente, al evaporarse, las infla. Pinchar con un palito y si aún sale húmedo dejar 5 minutos más.

– Una vez listo el Cake sacar del horno y voltear inmediatamente. De esta manera se evita que la gravedad pueda hacerlo colapsar bajo su propio peso. A veces me ha pasado que en mi molde de 17,7 cm de Wilton, he vertido una cantidad de mezcla que en principio era para un molde de 24-25 cm y ha crecido tanto que al dar la vuelta al molde la “barriga” del cake se toca con la encimera. Lo podéis arreglar poniendo un supletorio a las patas, yo pongo 3 rodajas de madera que tengo. En la página de Martha Stewart tiene una curiosa manera de poner a enfriar el cake.

– Para desmoldar hay que introducir un cuchillo sin sierra o una paleta larga y estrecha de manera rápida deslizando por los bordes para liberar el cake. Por eso luego no queda una superficie tan perfecta, es inevitable, unas veces se queda mejor que otras.

– Dada su estructura un poco gomosa lo mejor es cortar el Angel Food Cake con un cuchillo con la hoja de sierra.

– Se conserva a temperatura ambiente varios días, también se puede refrigerar y congelar.

Angel Food Cake

INGREDIENTES:

– 9 claras de huevo de tamaño XL (250 ml)

– 1 TSP o cucharadita de cremor tártaro (en su defecto un poco de zumo de limón)

– 100 g de harina fina de maíz tamizada (Maizena)

– 300 g de azúcar extrafino (Caster sugar)

– 2 TSP o cucharaditas de extracto de vainilla incoloro

  Precalentar el horno a 190ºC. Tener preparado el molde, no hace falta engrasarlo esta vez. Tal y como habéis leído en la parte superior de la publicación batir las claras a punto de nieve junto con el cremor tártaro, hasta que cuadrupliquen su volumen, primero a menos velocidad y gradualmente ir a más.  Una vez formada la nieve y habiéndose formado picos suaves y blandos añadir poco a poco el azúcar en varias tandas, gradualmente y al ras, sin dejar de batir pero a velocidad mínima. Seguir batiendo a velocidad media hasta que se forme un merengue con picos suaves de manera que si dais la vuelta al batidor se formen unos picos firmes pero no duros en las varillas. Añadir ahora un poco de vainilla o cualquier aromatizante. A continuación añadir la harina tamizada 2 veces, sí dos, cuanto más aireada caiga menos apelmaza las claras. Lo haremos en 2 ó 3 veces. Y mezclaremos a mano con la ayuda de una espátula y con movimientos envolventes, no más de 10 veces, para que la mezcla no baje y colapse. Verter inmediatamente en el molde. Hornear durante 45 minutos, los últimos 5 minutos a 170º C con aire. No abrir el horno en todo el tiempo de horneado. Una vez testado el interior con un palito sacamos del horno e inmediatamente lo volteamos y dejamos que se enfríe en la encimera sobre sus patitas como mínimo 1h. No hay que preocuparse, no se despegará y caerá. Pasado este tiempo dar la vuelta al molde, meter en el borde una espátula o cuchillo estrecho y de manera firme y rápida despegar el cake del molde. Desmoldar y a disfrutar. No será el más bonito del mundo pero sí el más esponjoso.

 

La tarea más difícil es el desmoldado.

Aún sin quedar bonito sigue siendo uno de los favoritos en casa.

Verdaderamente es como una esponja

 

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Galletas de avena

 

 

  Esta es una de esas recetas que quería hacer desde hace mucho tiempo, llevan gran cantidad de avena, que me encanta, y pensar en comérmelas en forma de sandwich rellenas de crema de queso mmmmmmm.

  Son perfectas para un desayuno o merienda para cargar bien las pilas. Están deliciosas!!!!! Solas o rellenas, me gustan de todas las maneras. Con un buen uso de leche o un café, o un Chai tea latte.

  ¿A qué apetece darles un bocado?

  Cuando leí la receta de Jamie, de My Baking Addiction, pensé que llevaba demasiada avena, pero no, luego quedan riquísimas. Vamos con la receta, recordad, ingredientes a temperatura ambiente. El azúcar moreno es mejor que sea de grano fino.

 

Galletas de avena

INGREDIENTES:

Cookies

– 230 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

– 150 g azúcar moreno fino (o light brown sugar)

– 100 g de azúcar blanco

– 2 huevos tamaño L

– 1 cucharadita o TSP de extracto de vainilla

– 190 g de harina

– 1 cucharadita o TSP de bicarbonato sódico

– 1 cucharadita o TSP de canela en polvo

– 1/2 cucharadita o TSP de sal

– 270 g de copos de avena

Crema de queso

– Ver receta aquí

  Precalentar el horno a 180ºC con calor arriba y abajo. Preparar bandejas de horno con Silpat, lámina de teflón o papel de horno. En un bol mezclar y tamizar la harina, la sal, el leudante y la canela. Mezclar la mantequilla pomada con los azúcares en un robot tipo KA, con la pala, hasta que se obtenga una mezcla cremosa.  Añadir los huevos e integrar. Lo mismo con el extracto de vainilla. Agregar la mezcla con harina poco a poco hasta integrar. Por último añadir los copos de avena. Con la ayuda de una cuchara de helado formar bolas y colocar en la bandeja, no más de 6, crecen bastante (fijaos en las fotos). Hornear a media altura unos 15 minutos o hasta que se doren ligeramente (menos tiempo si ponéis menos masa). Sacar del horno y dejar 5 minutos más en la bandeja. Luego dejar que se enfríen sobre una rejilla. Aguantan bastantes días en una lata o contenedor hermético si no están rellenas, si llevan crema de queso podéis guardarlas varios días en la nevera en un contenedor hermético y sacarlas 1h antes de comerlas.

  Cuesta más pesar los ingredientes que hacerlas, y no sé por qué no hago cookies más a menudo.

Las cookies quedan blanditas y masticables.

Tengo que volver a hacerlas sí o sí.

Definitivamente se quedan en mi lista de galletas favoritas.

  Podéis comerlas solas, con un buen vaso de leche o en modo sandwich rellenas de crema de queso.

Tienen un bocado de lo más apetecible ¿no os parece?

 

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Halloween 2.018

  Hola a todos, sí, sigo aquí aunque lleve 3 meses de retraso!!!! Voy retomando el blog después de un largo verano y un comienzo de curso muy perezoso. Soy de la opinión que las cosas pasan cuando tienen que pasar, sin forzar, sin obligaciones, las justas. Así que aquí estoy de nuevo para deleitaros con nuevas recetas y creaciones. Y qué mejor ocasión que esa fiesta que tanto me gusta, Halloween. A lo largo de estos años he preparado diferentes modelos de galletas decoradas y postres. Aunque he estado bastante activa en Instagram, siempre publico los postres en el blog a posteriori pues son para degustar en estos días.

  Desde el año 2.011 venimos celebrando esta fiesta tan americana en el barrio. Ocho fiestas de Halloween con sus correspondientes galletas, disfraces, adornando la entrada y disfrazándose mi marido para asustar un poco a los niños mientras yo les recompensaba con una galleta.

  Pues este año de nuevo he preparado galletas y postres, y mi marido se ha vuelto a disfrazar con mi buen amigo Carlos para dar un buen susto a los niños del barrio mientras yo volvía a recompensarlos con una sencilla galleta o un cupcake.

  He glaseado tantas a lo largo de estos años para repartir entre los niños que esta vez he decidido cambiar de modelo y hacerlas igualmente ricas pero con una decoración más sencilla.

Para esta ocasión les he dado relieve con la ayuda de este rodillo que compré aquí.

Han quedado bastante resultas ¿no os parece?

He repartido mis dulces entre la familia, los amigos y he llevado unos cupcakes muy especiales para las compañeras del hospital, muy al estilo de la enfermera que llevo dentro.

Los cupcakes de calabaza ya son un clásico, esta vez con frosting de queso crema.

Así lucen más terroríficos ¿verdad?

Otra opción para unos cupcakes de miedo es decorarlos un poco más sangrientos.

Como estos Cupcakes Red Velvet con queso crema y un atrezzo rojo sangre.

Las jeringas van rellenas de Sunny Delight con un pelín de colorante rojo Kopykake.

En el hospital hicieron furor entre mis compis.

Así las galletas básicas de mantequilla lucen un poco más terroríficas.

No hay nada más Halloween que una terrorífica calabaza.

Como veis me lo paso pipa decorando.

Este año he vuelto a preparar el cementerio con brownie súper chocolatoso.

Por un Halloween terrorífico🎃 🎃 🎃 🎃 🎃 🎃 🎃 🎃 🎃

Esto es lo que ha dado de sí la fiesta de este año.

 

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📌 El ganador se elegirá mediante aplicación random. 

📌 Lacasitos se encargará de hacer llegar el premio directamente al ganador. 

📌Duración del sorteo hasta el día 30 de septiembre a las 23:59h.

📌Válido para el territorio nacional

📌 Anunciaré el ganador el día 1 de octubre en este mismo post y en la publicación de IG

🍀 Mucha suerte a tod@s 🍀

 
Actualizado: la ganadora es @coco_bizcocho

Tarta de queso La Viña

  Hola, ya estoy de nuevo por aquí, después de la trilogía de las cuajadas vuelvo con otra receta traída del norte. Desde hace unos años se ha hecho muy conocida una tarta de queso llamada La Viña. El nombre corresponde a un bar de pintxos de San Sebastián, tenía muchas ganas de hacerla pues ya sabéis que me pirran las tartas de queso. El caso es que quería probar la original antes y …. ¡¡¡¡¡¡madre mía del amor hermoso!!!!!!! ¡Qué rica! Ya la he hecho cuatro veces.

  Es súper fácil porque no hay más que mezclar todos los ingredientes y hornear. No lleva base de galleta y para hacerla como la original necesitamos forrar el molde con papel de horno humedecido con todas sus arruguitas. La he preparado al natural y también con una cobertura que tenía por casa. Está rica de todas las maneras pero sobre todo es que es muy rápida de hacer, ni base de galleta, ni baño María ni siquiera necesita cobertura.

  Es un curd de chocolate y naranja que está espectacular!!!!! Es de origen inglés, el tradicional es de limón pero esta marca @thursdaycottage fabrica curds en varios sabores, es una crema untuosa de chocolate, no demasiado dulce y con un toque a naranja. Creo que lo compré en El Corte Inglés en una de esas semanas que traen productos internacionales. Me tenía que haber llevado 6 , es que está taaaaan rico este curd de chocolate y naranja.

  Ya que estuvimos por Navarra hace unas semanas de vacaciones, aprovechamos para ir a San Sebastián y degustar la famosa Tarta de queso del restaurante La Viña. Todo un acierto, está deliciosa. La receta original no es ningún secreto, ellos mismos nos la ofrecen. Yo he adaptado las cantidades a un molde más pequeño.

El tamaño original es para unas 10-12 raciones y pesa casi 2 kg.

El chocolate casa muy bien con esta deliciosa tarta.

Pero al natural está también muy rica.

Hay que hornearla lo justo para que quede un pelín más blanda por dentro.

Ya sabéis, que tras apagar el horno quede ligeramente temblorosa por el centro.

Tarta de queso La Viña

INGREDIENTES (5-6 raciones):

– 450 g de queso crema tipo Philadelphia

– 225 ml de nata líquida con 35% de materia grasa

– 180 g de azúcar

– 3 huevos L

– 1 cucharada sopera o TBSP de harina

– Un sobre de azúcar avainillado (opcional)

  En un bol mediano mezclar todos los ingredientes con la ayuda de una cuchara de madera hasta que estén bien integrados. Precalentar el horno a 215º C con calor arriba y abajo. Preparar el molde (el mío es de 17 cm de diámetro y desmontable) y forrar con papel sulfurizado que habremos humedecido previamente. Verter la mezcla en el molde y hornear a 215ºC a media altura durante unos 40 minutos. Ha de estar un poco temblorosa por el centro. Después apagar el horno y abrir un poco para que se enfríe poco a poco. Sube bastante en el horno y luego baja por lo que el molde debe ser alto. No os preocupéis que es normal, se hunde un poco en el centro pero está riquísima. Lo ideal es dejarla, una vez fría, en el frigorífico cubierta con film hasta el día siguiente. Estará aún más rica.

¿Con o sin cobertura?

No dejéis de hacerla, es sencilla y no falla, su sabor gusta todos.

Bien fresquita es perfecta para combatir estos calores de agosto.

  Ideal para llevar a casa de unos amigos en verano, no hay riesgo de que se estropee por el camino.

 

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Helado de cuajada de oveja

  Un mes de sequía y en 4 días subo 3 posts 🤣🤣 Bueno pues ya estoy de vuelta con otro postre tradicional vasco-navarro pero con una vuelta de tuerca. Nunca había tomado helado de cuajada, ni siquiera sabía que se comercializara. Lo descubrí en un supermercado en Navarra y nos encantó a todos. Así que a la vuelta del viaje hice dos cosas: cuajadas tradicionales como si no hubiera mañana, con leche de oveja y el cuajo que me traje del viaje a Navarra, y metí la heladera de mi K.A. en el congelador. Y en un pis pas helado casero y rico.

Además de degustar productos de la zona me gusta llevarme algunos souvenirs.

Con mis cuajadas caseras nos pondremos manos a la obra.

    ¿Hay algo más refrescante en las calurosas noches valencianas que un helado? Pues con este postre cierro la trilogía de la cuajada (en lugar de la del Baztán de Dolores Redondo que me estoy leyendo). Tres postres con la leche de oveja fresca y el cuajo de base. Aunque la próxima receta va a ser también una especialidad del País Vasco en los últimos años.

Helado de cuajada de oveja

INGREDIENTES para 1l de helado:

– 500 g de cuajada tradicional de oveja (ver versión casera aquí)

– 100 g de azúcar (25% azúcar invertido)

– 200 ml de nata líquida con 35% de materia grasa

– 1 yema de huevo

– Nueces picadas

– Miel

  Batir con varillas la nata sin llegar a montar totalmente. En un bol (yo he utilizado una batidora de vaso) batir el resto de ingredientes. Mezclar ambas preparaciones y mantecar en la heladera siguiendo las instrucciones del fabricante. Verter en un contenedor de helado e ir añadiendo unos chorros de miel y nueces picadas entre medias. Congelar unas horas y consumir. En casa no dura mucho.

Queda así de cremoso.

Otra manera más refrescante de tomar lácteos.

También podéis congelar en porciones individuales, listas para hincar el diente.

¿Te animas a preparar este postre tan refrescante?

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Cuajada de chocolate

 

  Lo prometido es deuda, hoy os traigo la versión chocolateada de la cuajada tradicional. También hecha con leche fresca de oveja pasteurizada y cuajo de Postres Ultzama, pero con un ingrediente adicional, chocolate mmmmm.

  Además no lleva azúcar añadido y está taaaannn rica. En casa ha triunfado. Y han durado poco la verdad, todo un éxito, sin encender el horno.

La receta de esta maravilla de textura cremosa y suave al paladar es del maestro chocolatero Rafa Gorrotxategui, la encontré en uno de los programas de David de Jorge de Robin Food.

  Si queréis saber un poco más acerca de la historia de la cuajada y su elaboración visita el post que publiqué ayer. Esta cuajada os sorprenderá, tiene una textura similar a una mousse suave al paladar, cremosa, mmm es inexplicable, no pensé que fuera a gustarme tanto. Para que se funda bien el chocolate esta vez calentaremos más la leche. Aunque Chocolates Valor suele ser mi marca de referencia esta vez he elegido un chocolate navarro, por la cosa de hacer la cuajada más “a la navarra”.

  La marca es Pedro Mayo, maestros chocolateros desde 1.847. Es una empresa navarra fundada en los años 60 del siglo XIX por Pedro Mayo Etuláin, natural de Ochagavia/Otsagabia (Navarra), en la pamplonada calle Zapatería. Fabricaba chocolate, dulces y cerería, vendiendo los anteriores y productos ultramarinos. Posteriormente se centraron en el chocolate. Actualmente forman parte de una corporación, Chocolates de Navarra.

Cuajada de chocolate

INGREDIENTES (para unos 6 tarritos pequeños):

– 1 l de leche de oveja fresca pasteurizada (no de brick), yo he utilizado kizkilurrin de Ultzama

– 6 gotas de cuajo para cada tarrito

– 200 g de chocolate cobertura negra (he utilizado al 62%)

 

  Poner la leche de oveja pasteurizada en un cazo y hervirla. A continuación añadir el chocolate rallado y bajar el fuego sin dejar de remover. Una vez disuelto retirar del fuego y pasarle el turmiz para evitar grumos. Preparar los tarritos con 6 gotas de cuajo, yo lo he utilizado químico y la temperatura que recomienda de la leche es 55ºC. En este caso es muy recomendable utilizar un termómetro para asegurarse de la temperatura y no “matar” el cuajo. Esa es la temperatura a la que recomienda el fabricante de mi cuajo que se debe añadir la leche (en caso de no utilizar cuajo Postres Ultzama ver instrucciones de fabricante). Verter la leche chocolateada sobre los tarritos (siempre poner el cuajo previamente) y dejar que cuaje al menos 10 minutos sin remover ni mover los recipientes. Cuando estén fríos guardar en la nevera cubiertos por film o papel Albal. No os extrañe que no añada azúcar, lleva el procedente del chocolate, y os aseguro que es suficiente. Queda riquísima.

Se prepara en un momento, no necesitas encender el horno y se toma fresquita !!!!!

Podéis verter unas virutas de chocolate.

O tomarla tal cual.

¿Os animáis a prepararla?

  Atención, atención, tengo la heladera en el congelador, aviso, próxima receta helado de cuajada.

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Cuajada tradicional y de ruta por el norte de Navarra

 

  ¿Cómo vais? ¿Ya estáis de vacaciones? Yo sí, y aún me quedan un par de semanas. Hace un mes que no publicaba nada. Entre el fin de curso y las vacaciones me he relajado con el blog. Y hace ya 5 años que empecé a publicar mis recetas en el blog!!!!!!!!! Parece que fue ayer cuando me inicié en el maravilloso mundo de la repostería. Pensé que me cansaría, que no me ilusionaría tanto contaros mis historias, mis recetas y creaciones, pero como veis aquí sigo 5 años después y con la misma ilusión que el primer día pero con más experiencia.

  Las próximas recetas que os traigo serán de lo más tradicionales y con leche fresca de oveja y cuajo que me he traído del norte.

  Los que me seguís en Instagram sabréis que he estado unos días en Navarra y el País Vasco disfrutando de mi familia y unos de mis mejores amigos. Paisajes de ensueño, prados verdes, bosques infinitos de castaños centenarios, fresnos, robles, arces, helechos, hayas, cascadas, ríos y una casa rural maravillosa en la zona de Montaña de Navarra. Un oasis de tranquilidad y encuentro con la naturaleza de los Pirineos.

  Ya sabéis que en los últimos años hemos estado por el norte, en Asturias, Cantabria y País Vasco. Aunque el Mediterráneo nos tira mucho, es muy refrescante pasar parte del verano en el norte. Para unos valencianos de sol y playa es lo más. Huir del sofocante calor y de la humedad.

  La casa de estilo rústico y tradicional está situada en Azquilarrea, en el municipio de Arantza (o Aranaz, el nombre histórico en castellano), un pintoresco pueblo de 650 habitantes al noroeste de Navarra. Es una de las cinco villas (la más aislada) de la montaña o Bortziriak que se sitúan a ambos lados del río Bidasoa. Situada en los Pirineos Atlánticos, la zona de Navarra más cercana a la costa.

  La casa tiene nombre propio, Haizegu. En euskera Haize-hegoa significa viento del sur, pero en Aranosa se acortan mucho las palabras y por eso dicen Haizegu. En la casa, obviamente, pega mucho el viento del sur, de ahí el nombre. Con su tejado, su piedra, la balconada, el porche y las contraventanas de madera es realmente preciosa, rodeada de pastos, cerca de un caserío familiar y con su propia fauna:

gallinas y perros que hicieron las delicias de los niños, los perros Lur (Tierra en euskera), la mayor, y Mendi (montaña en euskera), el cachorro. En el caserío de al lado que es de la familia de los dueños de la casa, había otro Collie llamado Pintxo. Ya os imagináis lo felices que estaban ellos y mis hijas y su amigo Víctor. Por la mañana excursión y a comer fuera y por la tarde paseo y a disfrutar de la casa y de los perros.

  Como bien sabéis, en casa hemos tenido más gatos que perros por cuestión de espacio pero tener la oportunidad de además tener perros en la casa rural fue una pasada. Los niños disfrutaron muchísimo. Además de la zona de terreno con césped y los columpios.

  Ir por huevos frescos de las gallinas todos los días era una tarea obligada para los niños. Las gallinas siempre ponían un huevo cada una al día y los dejaban en una esquina, siempre en el mismo sitio.

Pequeños detalles que lo dicen todo.

Cuidando hasta el último detalle.

  La casa tiene todas las comodidades sin perder ese aire rústico y tradicional.

Con un porche amueblado y una barbacoa de obra a la que por supuesto no le faltaron buenos chuletones, solomillos, hamburguesas de carne de la región y chistorra. Y mucho espacio para que los niños desfogaran y corrieran por doquier. Desde aquí además quiero dar las gracias a Maite, nuestra casera, por su amabilidad y por tener la casa tan arreglada y limpia, cuidando cada detalle. Por sus recomendaciones. Por dejarnos disfrutar de los perros de la casa. Hasta nos dio patatas de su huerto. Un encanto conocerla y a su pequeña hija Lorea, preciosa y muy simpática.

Las vistas que teníamos cada mañana desde nuestra habitación.

Un pequeño paraíso en plena montaña.

Rodeados de naturaleza.

  Disfrutamos de la cascada de Putzubeltz.

Aunque mis hijas disfrutaron más lanzando palos a Lur que se lo pasó pipa bañándose en las frías aguas de la cascada mientras los buscaba.

  Pensamos que nos llevábamos a la perra de paseo pero era ella la que nos llevaba a nosotros.

Un paseo por la calzada que baja hasta Arruzpi rodeados de árboles y algunas setas.

Salir a hacer rutas de senderismo por cómodas calzadas nos lleva a parajes como este.

  Y para reponer fuerzas cuajada de leche fresca de oveja con un chorrito de miel, estas que nos comimos en la casa son de la marca Goshua.

El kaiku grande es de la casa, el pequeño lo compré en una ferretería en Elizondo.

  La tradición ha conservado hasta nuestros días estos manjares gastronómicos como la cuajada (gaztambera) que se producía con leche de oveja y cuajo. La leche de oveja se ordeñaba y recogía en un recipiente llamado kaiku. De curiosa morfología, como veis,parece una jarra baja de cuerpo cónico e inclinado, con pico vertedero largo y un gran asa labrada en la misma pieza, por lo general asomada a su boca. El más tradicional es el tallado en madera de abedul (blanda, poco pesada pero resistente y abundante en el País Vasco y el norte de Navarra). Hay dos modelos principales uno para el ordeño (más inclinado para facilitar el proceso) y otro para presentarlo o servirlo en la mesa. Para hervir esta leche, como el recipiente era de madera y no se podía poner directamente al fuego, se utilizaban piedras incandescentes (esne harriak) que se vertían haciendo hervir la leche y obteniendo de ese modo un aroma y un sabor del característico requemado (kizkilurrin). Esta leche, una vez hervida, se dejaba enfriar  a 38º C y se le añadía el cuajo animal (que procedía del 4º estómago de los rumiantes) consiguiendo la cuajada.

Siempre es buen momento para comprar unos “souvenirs”.

 

  Y ahora os explicaré la receta de hoy, cómo hacer unas ricas cuajadas de leche fresca pasteurizada de oveja. Vamos con la receta. Los ingredientes pocos pero de calidad. La leche la encontré en el supermercado SUMA de Santesteban. Es de la marca Ultzama que tiene su empresa en el mismo valle navarro de Ultzama, con ganadería propia (ovejas de la raza francesa lacaune) y elabora desde leche fresca de oveja a cuajo, quesos, cuajadas, … Y el cuajo también es de la misma marca. En el supermercado tenían tres tipos de leche fresca pasteurizada de oveja de Ultzama: normal, con una pizca de azúcar añadido y kizkilurrin. Pero como bien explican ellos en su web …

  “Postres Tradicionales de Ultzama, queriendo seguir con la tradición, elabora leche de oveja pasteurizada ya con ese sabor a kizkilurrin para que puedas hacer la tradicional cuajada “quemada“ de Ultzama sin tener que utilizar piedras ni hierros al rojo vivo. Ese ligero sabor a quemado se consigue a través de la caramelización del azúcar de la leche (la lactosa), la leche se puede elegir “con azúcar” o “sin azúcar”. Hay tres tipos de cuajo según su origen: animal, vegetal y microbiano. Nosotros te ofrecemos el cuajo de origen microbio que coagula la leche cuando esta se encuentra a 50-60ºC, nos parece el más indicado para garantizar la higiene de la cuajada. También te facilita el cuajo microbio que cuaja la leche a unos 55-60ºC ganando en higiene respecto a la antigua cuajada que se cuajaba a la temperatura ideal de desarrollo de microorganismos patógenos.

  En el Valle de Ultzama, desde el año 2.010, se celebra anualmente en el mes de Junio, el “Día de la Cuajada”. Durante este día, se realizan demostraciones como la elaboración del colchón de lana, el ordeño de ovejas y por supuesto la elaboración tradicional de la cuajada. Además hay exposiciones de diferentes artesanos del valle y degustaciones de los mejores productos”.

  La cuajada es un postre tradicional típico de la gastronomía del norte de España, del Valle del Pas en Cantabria, del Valle de Ultzama en Navarra, de Castilla León, La Rioja, el País Vasco, Huesca, … De textura suave y cremosa está  elaborada principalmente con leche de oveja. En algunas zonas se utiliza leche de cabra, e incluso de vaca, pero la manera tradicional es elaborarla con leche de oveja. La leche de oveja tienen más materia grasa (20% frente al 10% de la de vaca), un extracto seco más alto y eso es lo que hace que sea muy consistente y la más idónea para producir este postre. Su elaboración es muy sencilla y se hacía siguiendo la receta de los pastores, que ellos mismos elaboraban en la época en que parían las ovejas, principalmente en primavera.

  La cuajada es un producto que se obtiene por la coagulación de la leche añadiéndole cuajo. En sus orígenes procedente de las propias ovejas paridas, concretamente de su estómago. Es un postre lácteo, pero no fermentado (como en el caso del yogur, por ejemplo), es una “leche cuajada”. Para degustarla se le va añadiendo miel o azúcar según se va consumiendo, pero sin remover. Es decir, se recomienda meter la cuchara y, sin revolver, ir comiendo de arriba abajo para apreciar la textura de la cuajada, la miel y los frutos secos. No se remueve como un yogur. También se elaboran cuajadas de chocolate, turrón, … y se puede elaborar tartas, helados, y otras preparaciones.
  Según la tradición histórica el cuajo se descubrió por primera vez aproximadamente hace de 4.000 a 5.000 años en Egipto. Se empleaban tripas y, sobre todo, estómagos. En aquella época, para realizar grandes desplazamientos se empleaban los estómagos secos de animales. En ellos se guardaban líquidos como el agua y la leche. Fue así como se supo que esta última, al alcanzar a una determinada temperatura, se cuajaba por la intervención de una enzima, consiguiendo de esta forma que el producto se conservase más tiempo gracias a la enzima del cuajar. De este modo se desarrolló a lo largo de los siglos el arte de hacer quesos. Este derivado lácteo no es otra cosa que el resultado de la acción de una enzima llamada renina, fermento o cuajo, y que tiene la propiedad de coagular la caseína de la leche. El cuajo natural se relaciona por tanto con la producción del queso desde tiempos inmemoriales. Si solo coagular la leche, obtienes la cuajada; si continúas con el proceso y la desueras, consigues el queso fresco y, a partir de ahí, si sigues separando el suero de la leche y vas añadiendo tiempo de curación, obtendrás quesos con diferentes puntos de maduración. La madera, y después el barro y el vidrio, son los elementos que mejor preservan la elaboración los postres tradicionales.
  Existen tres tipos de cuajo: animal (del 4º estómago de los rumiantes), vegetal (se extrae de vegetales como la flor de cardo o el galio, conocida como planta “cuajaleche” muy abundante en terrenos húmedo como los de Navarra y País Vasco) y microbiano (como el Rhizomucor Miehei del cuajo líquido de Ultzama).

  Pues con la leche fresca de oveja y el cuajo os explicaré como hacer este postre tan sencillo y tan tradicional. Os resultará muy fácil de preparar. Elaborar una auténtica cuajada artesana es muy sencillo, solamente debemos tener en cuenta dos factores, por un lado la calidad de las materias primas, leche de oveja y cuajo, y por otro lado la temperatura a la cual se realiza la reacción. Esta leche es 100% leche de oveja y ha sido sometida a un proceso de pasteurización y homogeneización, y por tanto no hace falta hervirla ni cocerla; solamente con templarla es suficiente. La leche debe ser entera y fresca (pasteurizada solamente, no uperisada). Es decir, no de brick si no fresca, la encontraréis solo en la sección de refrigerados.

Cuajada

INGREDIENTES (para unos 6 tarritos pequeños):

– 1 l de leche de oveja fresca pasteurizada (no de brick), yo he utilizado kizkilurrin de Ultzama

– 3-4 gotas de cuajo para cada tarrito (18-20 gotas para recipiente grande de 1 l)

 

  Puesto que la leche de oveja que he utilizado está pasteurizada no hace falta hervirla. Preparar los tarritos con 3-4 gotas de cuajo, yo lo he utilizado químico y la temperatura que recomienda de la leche es 55ºC. Calentar la leche, sin dejar de remover, hasta 55ºC aproximadamente (si no se dispone de termómetro viene a ser cuando empiece a humear). Esa es la temperatura a la que recomienda el fabricante de mi cuajo que se debe añadir la leche (en caso de no utilizar cuajo Postres Ultzama ver instrucciones de fabricante). Verter la leche sobre los tarritos (siempre poner el cuajo previamente, nunca después) y dejar que cuaje al menos 10 minutos sin mover los recipientes. Cuando estén fríos guardar en la nevera cubiertos por film o papel Albal.

Se puede consumir tal cual,

acompañada de frutos secos

como estas nueces pecanas

o de un buen chorro de miel.

Esta miel en concreto es de Brezo, de La Rioja.

  Se recomienda no “batir” los ingredientes con la cuchara sino coger las texturas diferentes en la misma cuchara y mezclar en la boca para apreciar la suavidad de la cuajada. Como veis está totalmente cuajada sin hacer nada más que añadir las gotas de cuajo.

Como veis una de las cuajadas la hice en el kaiku tradicional.

¿Y a ti cómo te gusta más? A mi con miel y nueces.

  Esta que preparé en unos tarros rojos nos la comimos previamente en Navarra, es de la marca Goshua. Para San Fermín sacan un envase especial con el color rojo de los Sanfermines. Tengo una amplia colección de tarros de todas las formas y colores. Además hace juego con mi jarra (también reciclada, de miel cántabra). Aquí no se tira nada, y si es bonito menos aún. Y tenía que repetir la sesión de fotos con nueces ibéricas jejeje.

  Ojo al dato, la siguiente versión será de chocolate, sin azúcar y está mmmmmmmm.

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